Robin Williams versus Miguel Pajares

Las portadas de los medios se han puesto fúnebres este verano. Guerras, dolor, muerte. Y ahora caen dos excelentes personas, si bien con muy diferente trayectoria. El sacerdote y misionero Miguel Pajares, ha conseguido que el mundo despertase ante un virus que asola el continente Africano. Su repatriación no ha sido en vano, porque la providencia ha hecho posible que gracias a su caso la comunidad internacional envíe ayuda y medios a los misioneros. Son decenas de muertes en varios países de ese continente golpeado también por las guerras y el dolor.

Miguel Pajares dio lo mejor de sí mismo, tal vez siendo consciente de que al pedir su repatriación se daría a conocer la situación en la que se encuentran estos países. De manera que merece un homenaje por su valentía y su coraje. Y al mismo tiempo hace visibles a esos misioneros que con apenas agua oxigenada y tiritas, tienen que asumir que ayudando a los demás ellos serán las próximas víctimas.

Y resultó bochornoso asistir al debate público sobre el coste de su repatriación, especialmente cuando nadie discute que la guardia civil se suba al pico de una montaña para rescatar a quien se aventura arriesgando su vida y poniendo en peligro la de los demás. Más bochornoso todavía saber que nadie pregunta el precio que paga un gobierno por el rescate de secuestrados en determinados puntos del globo. Y especialmente lamentable que se cuenten los euros de una repatriación que ha hecho visible una plaga en el continente africano. Pero así de mezquinos podemos llegar a ser.

El otro caso lamentable es el del actor Robin Williams, no voy a recordar su filmografía, extensa y variadísima. Pero si mencionaré su gran versatilidad y excelente sentido del humor. Que supo dotar a sus personajes de una característica especial. Al decir de quienes le conocían era un ser entrañable. Y también vulnerable a esa maldición que rodea a las estrellas de Hollywood, la droga y el alcohol. Algo frente a lo que supo luchar, pero al parecer ahora arrastraba otro mal, el de la sociedad occidental: la depresión.

Se considera a ésta una de las enfermedades más comunes de nuestra sociedad, cerca del 25% de la población la padece. Y no hay un motivo específico y concreto para sufrir su envite. En algunos caso obedece al stress que comienza generando ansiedad y afecta a dos neurotransmisores importantísimos para el equilibrio personal: la serotonina y las catecolaminas. Por descontado no sólo el apoyo familiar y laboral es importante, sino que hay necesidad de recurrir a los fármacos.

El resultado es que un hombre vitalista como Robin Williams, capaz de un sentido del humor delicioso al decir de quienes le conocían, nos muestre el lado tenebroso de esas vidas llenas de éxito, que parecen tenerlo todo y sin embargo precisamente por ello son muy vulnerables, dada la presión mediática a la que se exponen. Al orden de vida que llevan con desplazamientos y homenajes, que se convierten también en su peor enemigo. No debe haber algo más atroz para un actor que perder el favor del público o de quienes ofrecen papeles. Aunque éste no fuera el caso, porque creo que hay dos películas suyas todavía sin estrenar.

Estamos comparando dos vidas completamente opuestas, pero ambas tienen algo en común. El misionero Miguel Pajares podía haber muerto en África, como tantos otros que ya han fallecido y pasar inadvertido a la sociedad. Sin embargo su entrega y su dedicación a los demás se hizo pública, logrando hacer visible al mundo el sufrimiento de miles de personas.

Para Robin Williams la fama y el éxito, en cambio, pudieron ser el detonante de su precipitado óbito. Nos lega sus interpretaciones geniales. Y si no se cambian los rumores, sería una nueva víctima del mal de Hollywood.

Elevo mi ruego al Señor por ambos. Porque los dos ofrecieron al mundo sus talentos personales. Pero me quedo más cerca de Miguel Pajares que me recuerda la muerte de seres dotados de un altruismo y una generosidad que les lleva a dar la vida por los demás. Y que cuando son portada de los medios, casi siempre es debido al sufrimiento de quienes han ido a auxiliar.

Acerca de Carmen Bellver

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