Vivir hacia afuera o hacia adentro

Existen dos modos de vivir: uno hacia dentro y otro hacia fuera. En realidad ambos se combinan en todos nosotros. Pero lo cierto es que hay quien no sabe estar solo, ni dejar pasar un fin de semana sin salir de fiesta, ni tertuliar cada tarde con los amigos. Son la gente que vive hacia afuera. Necesita del calor humano y del jolgorio de la vida. Apuran el sorbo que el consumismo, la moda y la publicidad les hace beber, dosificando sus presentaciones. Por eso muchos fines de semana son objeto de salidas y escapadas aceleradas. El turismo es otra manera de vivir hacia fuera. Y muy peculiar. A mi me acusaron en uno de esos viajes que me iba tras las piedras y los cuadros. La gente quería visitar tiendas y comprar, supongo que lo típico de la zona. ¡Qué le vamos a hacer!.

Vivo hacia dentro, si. Cojo un libro y dejo pasar las horas muertas. Cojo el teclado y me dispongo a imaginar historias. Y así, con esa simplicidad de vivir o crear historias ajenas, he ido conociendo gente, paisajes, vidas, cretinos y nobles de corazón. Luego la vida me ha enseñado que nada sucede como en las novelas o las películas. Que todo es mucho más complicado. Y si la suerte te depara dos o tres tropiezos de los duros, dejas de confiar en la parte amable de la vida, para enconarte con quien te la ha jugado sin misericordia.

Pero pese a todo, prefiero el silencio, el retiro, las caminatas ensimismadas, recorrer callejuelas sin la perturbación de una conversación que puede llegar a ser tediosa. No me gusta preguntar y eso hace que prácticamente desconozca la vida de mis vecinos. La gente interroga ¿no tienes nada que contar?. Y tu trabajo y tu vida son tan comunes que, efectivamente tienes poco que compartir, porque los intereses son otros. Y si deseas hablar de cine o literatura, de arte o de política, tendrás que buscar unos tertulianos dispuestos a entrar en ello.

Pero tampoco disfruto mucho con las tertulias. En mis tiempos acudía a devorar la sabiduría de los maestros poéticos de la ciudad. Y ¡oh, vanagloria mundana!. Aquello era narcisismo en estado concentrado. Amigos que adulan a amigos. Premios literarios que están cantados de antemano. Y ese es el dilema del solitario. No tiene padrinos, mecenas, promotores. Pero se siente libre para continuar juntando letras. Le pese a quien le pese.

Yo me conformo con los amigos que tenemos cosas comunes, aunque no todas. Son aquellos que solemos reunirnos por una opción de vida concreta que está fundamentada en la fe. Y sólo eso nos hace convivir unas horas. Sabemos que por encima de las diferencias hay algo que es más sólido que una roca. Podremos votar a partidos diferentes. Tener aficiones diversas. Aborrecer la música que cada uno prefiere. Sin embargo, nos unimos en una mesa común para compartir una fe que nos hace tener muchas otras cosas en común.

Y de ahí nace la alegría de saber que vayas donde vayas. Al entrar en una Iglesia, al llegar a la mesa de la Eucaristía. Estás siendo hermano de alguien de quien nada sabes. Y que cuando llega la hora de las plegarias, tú rezarás por ese desconocido, de la misma manera que él rezará por ti. Ese es el milagro de la comunión de los santos. La fraternidad del creyente.

Ahora que estamos en tiempo de “conversión”, de un Adviento que clama: “Ven, Señor Jesús”. Pido disculpas por mis silencios, mis prolongadas ausencias. No me olvido de nadie. Pero es que sigo viviendo hacia dentro. Prefiero llenar cuartillas de poemas que luego desecho, seguir un diario personal. Y cuando releo aquello que sucedió tal día. Me entiendo un poco más a mí misma y a los otros. Escribir es una manera de reflexionar que nos permite actuar pensando.

Hay quien sencillamente actúa. Y lo hace con instinto y sabiduría, sin necesidad de grandes reflexiones. Sin embargo, en el fondo de todo, creo que convivimos ambos personajes el que vive hacia adentro y el que vive hacia afuera. Lo hacemos en circunstancias concretas. Para entender el axioma, basta recorrer las calles un fin de semana. Y ver los balcones con las luces encendidas. ¿Están abstraídos o entretenidos?. Hay cierto matiz entre ambas cosas. En la oración una puede abstraerse. En la lectura y escritura, también. Pese a todo la teoría viene a confirmar que podemos vivir tanto hacia adentro como hacia afuera. Aunque para algunos las tendencias se acentúen desde muy temprano.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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