La llama de la fe

Hemos llegado al extremo de que se vive cada ve más de espaldas a Dios, si bien de compadreo con la Iglesia. Aunque cada vez son más quienes se alejan del convencionalismo social, sin entender muy bien a qué renuncian.

Nuestra sociedad completamente pagana es incapaz de preguntarse por el sentido último de la vida. Se vegeta consumiendo los productos del mercado, fundamentalmente audiovisual. Pensar en el Universo, plantearse el milagro de la vida; interrogantes que antes tantos indagaron en la soledad de su conciencia, está hoy fuera de lugar.

¿Cómo van a encontrar la fe quienes se quedan siempre en la mera anécdota?. El encuentro con Dios se narra magistralmente en muchos libros y hay abundante filmo-grafía que muestran como siempre es una llamada, una inquietud que va tomando cuerpo. A algunos les lleva por rutas extrañas y teniendo una naturaleza espiritual la van alimentando con un esoterismo de baja estofa. Y siguen sin encontrar a Dios en sus vidas, porque el problema reside que al atravesar el hombre el sendero en busca de Dios, se han encontrado que les fallaban los intermediarios sagrados. Dejando recaer en ellos toda la responsabilidad.

No creer en la Iglesia sin renunciar a Dios es el camino del medio pensionista diario, de quien se niega a vivir por consigna, porque entiende que todo aquello que la Iglesia exige es un mero producto humano. Estamos por tanto ante la triste realidad de gente con raíz anticlerical y prejuicios ancestrales.

Pero lo cierto es que el fundamento de raíz de nuestra fe es el amor. Y su aprendizaje requiere renuncias y la humildad suficiente para rogar por ello. Amamos en la medida que no sólo nos ocupamos de los demás en lo exterior, sino también de esa parte del alma que todos compartimos. Los mandamientos nos muestran aquello que destruye el amor. La oración y los sacramentos nos indican cuál es el alimento necesario para aprender a caminar por la senda de la Verdad.

¿Pensamos en la vida eterna alguna vez o hemos renunciado para siempre por ignorancia o pura desidia?. “Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo, 5-30). Así de radical se muestra el Evangelio y en otro apartado exclama “¡Ay de aquel que escandalizare. Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar!.(Mateo 18-6)

Por tanto no encontraremos en lo que veamos en los demás nuestro modelo de salvación, salvo que tropecemos con verdaderos hombres de Dios, aunque todos ellos estarán marcados por el pecado y de hecho pueden ser santos que también nos escandalicen.

El verdadero camino pasa por el encuentro de Tú a Tú entre el hombre y Dios a semejanza de esas moradas que Santa Teresa de Jesús refirió con maestría. Moradas por donde el alma va ascendiendo al encuentro de su Señor. Una obra que llevo a Santa Edith Stein a convertirse del judaísmo al catolicismo, de la fenomenología filosófica al encuentro con la fe.

Y de esta manera tan extraña acontecen las conversiones todos los días. Sin aparatosos alardes de predicaciones o encuentros multitudinarios. Parece que el Dios que deseó ser un niño vulnerable como cualquier ser humano, desee también su encuentro en los momentos mas insospechados. Poner al alcance del creyente la hagiografia siempre es un regalo. Por eso conocemos y admiramos a San Francisco de Asís de quien el Papa Francisco ha tomado el nombre. Pero conocer esas figuras que han hecho vida las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, debería seguir siendo costumbre en las escuelas y familias cristianas.

No digo que busquemos ser un calco de nadie. Pero podemos aprender que su camino fue una senda llena de tropiezos que nunca les desanimó en el empeño de seguir a Jesús.

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Acerca de Carmen Bellver

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