Memorándum del año que se ha ido

Como todas las Navidades, éstas han sido empalagosas, ñoñas pero también fantásticas. Las familias, el consumo y la fe hacen firmar una tregua en los medios que finaliza mañana y vamos a tener un panorama político estremecedor. Al parecer, Podemos ha fagocitado Izquierda Unida. Y al PSOE no le quedan balas en la recámara para reinventarse como partido de izquierda y obrero. Que vaya usted a saber qué entienden estos señores por obreros, cuando han sido ellos mismos los encargados de demoler la industria española, dejándola en poco más o menos que dedicada a los servicios.

El trabajo precario y las estrecheces de la mayoría de los españoles deja un rictus amargo tras ese mantra del Sr Rajoy de que España está saliendo de la crisis. Porque lo que se ve es la pérdida del poder adquisitivo de la clase media y unas bolsas de pobreza que recuerdan la triste posguerra. Eso sí el decorado ha cambiado mucho gracias a las macro inversiones peperas, que han dejado las ciudades muy guapas y modernas. Siempre y cuando no te pierdas por algún barrio poco iluminado.

La única regeneración en este país pasa por no subvencionar a partidos y sindicatos. Y por hacer de la política una profesión con vocación de servicio, que no caliente eternamente el banquillo de diputado. Y pasa por una reforma del Senado. Y pasa por separar el poder judicial y financiero del político, tan fusionados los tres que ya nadie sabe quien manda en este país. Tierra de muy buenas voluntades, pero de escasa sesera. Nos faltan mujeres y hombres que sepan dar la talla. En momentos en que se les requiere imperativamente.

Y puestos a seguir radiografiando este año que se va. Me he quedado con la carcajada ante el varapalo de los últimos nombramientos de Francisco. Les han puesto a monseñor Blázquez como cardenal dejando a monseñor Osoro sin birrete cardenalicio cuando estaba cantando. El trío Blázquez, Osoro y Cañizares parece ahora que hereda el estilo de Francisco y se convierte en un tripartito desde el que la Iglesia española va a navegar. Y no me molesto en hablar de los monseñores catalanes porque han hecho un pan como unas tortas de la cuestión nacionalista. Y sólo la salida de monseñor Sistach va a dar el verdadero aire que necesita a esa iglesia asfixiada por la ideología lingüística.

El Papa Francisco si Dios le deja seguir llevando las riendas nos va a dar la vuelta al calcetín en el tema más espinoso que han tenido siempre los papas: la curia. Ahí donde nunca han podido mover ficha, parece que ha entrado como elefante en cacharrería, produciendo un impacto global. Está dispuesto a que sean las periferias las que tengan voz y voto. Y le trae al pairo el protocolo milenario sobre ciudades que gozaban de ilustrísimos cardenales que ahora son simples obispos. Sigue al dictado lo del olor a oveja. Y busca una colegialidad de sabios de todos los continentes. Está haciendo mucho ruido. Suscitando muchas esperanzas. Algunas de ellas totalmente equivocadas.

No va a ser quien determine la Iglesia de este milenio. Tan solo sigue como mascarón de proa embistiendo contra el oleaje y abriendo caminos. Serán otros, lo sabe, quienes tendrán que terminar lo que ha comenzado. Y no va en la línea por una Iglesia de rebajas. En un hombre profundamente religioso, que sabe que la espiritualidad lo es todo. Ha visto desaparecer en número prácticamente la mitad de los efectivos de la orden a la que pertenece. En este año de la vida consagrada, será interesante escuchar lo que un Papa jesuita debe aportar como orientación a esas pobres congregaciones diezmadas y a punto de desaparecer.

Y como el balance de la Iglesia es Universal, se está viendo que la pujanza de la fe está ahora en otros continentes. Europa agoniza con sus reliquias y monumentos, es un parque temático religioso. El vigor y el espíritu parece que soplan por otras latitudes alejadas del meridiano de Greenwich y de la Ciudad Eterna. Difícil tema el de los brotes verdes en esta Europa sin ideas que ya no goza de los mejores pensadores del momento actual. Ni tan siquiera ha conseguido hacer de la Unión Europea esa idea regeneradora que tenía que volver a gobernar el mundo desde el antiguo continente. Renunció a sus raíces cristianas y con ello llevó a cabo un harakiri que la ha dejado sin identidad.

Acerca de Carmen Bellver

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