El pack de la felicidad

Para ser feliz hay que amar la vida. Y la fe es un colchón de energía y buenas vibraciones que te enseña a amar la vida incluso cuando todo se derrumba a tu alrededor. La gente va loca tras la felicidad. Si existiera tal droga, no se fabricaría otra. Todos los sucedáneos que utilizamos para conseguir unas gotas de felicidad, son en realidad un salto al vacío existencial. No existe la felicidad, se construye como la misma vida con esfuerzo y dedicación. Haciendo frente a lo que venga y volviendo siempre los ojos hacia los demás.

La felicidad es algo tan complicado que un cristiano irakí perseguido, sabiendo que puede ser degollado por sus creencias puede vivir en paz con todo ese terror a su alrededor. Lo hemos comprobado a lo largo de la historia. La felicidad consiste en un pack donde lo principal es asumir la situación y vivirla de la mejor manera posible. La de tener un referente claro en la vida. ¿Qué quiero, qué espero de la vida?. Son las preguntas que confunden y de manera errática llevan a sorber sucedáneos de la felicidad. Si la basas en los amigos y te traicionan, estás perdido. Si la basas en tu matrimonio y comienza a funcionar mal, estás acabado. Si la basas en tu carrera y nunca consigues despegar, eres una perfecta nulidad.

Y eso es porque no vemos la dimensión sagrada de la vida. Porque nos quedamos con las cosas y los hechos. Pero si te sientes amado por Dios con todas las fuerzas, si pese a estar en el pozo más oscuro brilla para ti la luz de la fe y con ella la de la esperanza y la caridad. Tu vida tendrá otro color. Tendrá un sentido. Incluso las renuncias a muchas cosas habrán valido la pena. Y es entonces cuando atisbas la felicidad, cuando le encuentras sentido a tu vida, pese a las circunstancias. Y es que estás en las mejores manos, en las del mejor terapeuta.

La oración y los sacramentos son un regalo que debieran conocer todos los que buscan ser felices. No hay soledad con Dios como amigo y compañero. Ni desgracia que no tenga su consuelo. Aunque nada de eso evite los malos momentos, e incluso la enfermedad. Se puede ser un mendigo y ser feliz. Mientras que el rico Epulón banquetea con mariposas en el estómago que nunca le dejan satisfecho..

Si ves que en tu vida fallan esos pilares sobre lo que habías construido la existencia y todo se tambalea a tu alrededor. Vuelve la mirada a Dios. Vuelve tus ojos hacia la fe, suplica por ella y serás salvado de la amargura y desolación. Dios es el motor de la historia y si el hombre le da la espalda seguirá llamando a nuestra puerta de mil modos diferentes. Sólo hay que abrir los oídos, estar atento, dejar espacio para encontrarse con Él.

Eso que se llama tener tiempos largos de silencio interior hay que empezar a enseñarlo en las catequesis. Tiempo de oración en común y en la soledad de tu habitación. Porque es allí donde se produce la magia de la felicidad. Que consiste estar en paz consigo mismo. En saber ofrecer los momentos duros para que la fuerza del amor derrita la opresión que nos golpea Y confiar en el amanecer que trae un nuevo día y nueva oportunidad para volver a empezar.

Se explica muy bien en las lecturas de este lunes, especialmente en la carta a los Hebreos 1, 1-6
En distinta ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa…

Dios sostiene el Universo, nada hay que temer, estamos en buenas manos. Pese a tanta guerra, desolación, hambruna y maldad. El bien sigue operando como una energía poderosa que conduce del caos al orden natural. Yo así lo creo ¿lo crees tú también aunque haya días de total oscuridad?

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Acerca de Carmen Bellver

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