Cincuenta sombras de Grey: mercadotecnia viral

Me gusta el cine tanto como la literatura. De ellos he aprendido todo sobre la condición humana y con ellos he disfrutado y experimentado todo tipo de sensaciones. Pero nunca entendí que para construir una historia fuera necesario recurrir a la pornografía. A la banalidad del acto sexual como tema fundamental de la novela o la película. Por supuesto he leído el Decamerón y he tenido también que degustar otras lecturas como las de Henry Miller y su Trópico de Cáncer. En el cine hubo momentos en que parecía que todo giraba entorno a lo mismo, fueron los años del destape en España, pero mucho más lascivas fueron cintas con renombre internacional como El último tango en París. De todo ello sólo puedo decir que las películas entorno al sexo son tan pésimas como las que giran en las novelas por el mismo rondó. Las cincuentas sombras de Grey pueden estar bien escritas, pero no dejarán de ser un alegato sucio que degrada al hombre y la mujer. La violencia sexual convertida en ídolo de masas produce arcadas. Y es sobrevalorada la imagen atractiva de dos jóvenes modernos, convirtiendo el erotismo en nocivo para la buena salud mental de los mismos.

Y lo malo es que han banalizado la sexualidad, el acto más hermoso de unión entre un hombre y una mujer, lo han llevado a un círculo vicioso y enfermizo que tan sólo retrata una patología mental.Patologías como el sadomasoquismo que aumentan la adicción a la pornografía y que deshumanizan. Porque todo rueda tras la búsqueda de nuevas experiencias. Situaciones anormales y atípicas de manipulación mental, de sometimiento de un ser a otro degradando su condición humana.

No caeré de nuevo en la rueda de la promoción interesada de los medios, que pasan por convertir los actos pornográficos en supuestas obras de arte. No es necesario visionar una película que puede embrutecer las relaciones de las personas por mimetismo. Prefiero las historias donde las pasiones humanas se desatan en sentido positivo, no destructivo y pernicioso. Donde el amor es algo más que una pasión puntual, que deja vacías a las personas porque ellas mismas se dan cuenta de que son un mero objeto de placer. Nada más.

Películas o novelas que hablan de las relaciones humanas con sentido, sin entrar en zonas morbosas para estimular audiencias ávidas de novedades carnales o el papel de dominante y sumisa. Yo descarto ahora las películas que no me aportan nada. Pero entiendo la pasión desatada por los jóvenes ávidos de nuevas experiencias. Sin embargo, no tengo noticias de que ninguna de estas películas haya pasado a la meca del celuloide por su calidad. Tampoco creo que una novela erótica por muy superventas que sea pueda llegar a ser considerada una obra de arte.

Para explorar las pasiones humanas existen obras como Lolita de Nabokov, donde se cuentan la obsesión sexual de un hombre sobre su hijastra, dando lugar a una gran película de Stanley Kubrick reflejando la lujuria sin necesidad de una escena explícita de sexo. Llevando a cabo una de las mejores películas del cine de los años sesenta. Todo un clásico tanto la novela como la película. No creo que el resultado de Cincuenta sombras de Grey pueda mejorar en nada la novela, ni tampoco superarla. Es posible que sea un éxito también a nivel de público, pero no por ello se convertirá en una obra de arte.

Puede que quede para la posteridad como el pastiche que todo joven tiene la tentación de conocer, antes de experimentar por sí mismo el verdadero amor. El que no es ni dominante, ni sumiso, sino plenitud de vida de dos seres que crecen y maduran juntos, que aprenden a donarse mutuamente y no a utilizarse de manera vil. En realidad el libro ha sido un experimento de mercadotecnia viral y la película viene siguiendo sus mismos pasos. La crítica literaria y cinematográfica no ve demasiadas conexiones para hablar de una gran obra, más bien es un experimento sociológico al uso que seguirá produciendo estudios sobre el fenómeno viral y cómo se puede conseguir embaucar al público en general con género de pésima calidad.

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Acerca de Carmen Bellver

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