La regeneración política o el caos

Estamos ya caldeando los motores para las próximas elecciones. Y las formaciones cristianas vuelven a posicionarse contra la pobreza y la exclusión; contra la corrupción y la mala distribución de la riqueza. Me parece justo y apropiado, siempre que tengamos claros algunos puntos. Que no se puede ir contra la patronal con una fuerza demoledora, porque ellos son los que en definitiva mantienen el impulso que genera la riqueza. No se puede hacer que odiemos a los ricos, como los peores enemigos de la sociedad. Se ha creado la palabra “casta” para descalificar una clase social. Y eso es tan antiguo en el mundo como las revoluciones anteriores. Las que suprimieron la aristocracia y la burguesa que el comunismo también quiso derribar.

Lo cierto es que no hay peor política que la que fomenta el asistencialismo y las subvenciones. Porque también en ella se esconde la corrupción. Es muy hipócrita criticar los beneficios de determinadas empresas sin contar al mismo tiempo que hay quien vive del cuento “literalmente”. Y eso por desgracia ha sido moneda corriente al albur de determinadas políticas. Volvemos a recordar que Dios no condena a los ricos sino a los egoístas y los avariciosos. Y que esos pecados también podemos encontrarlos en las clases medias e incluso en esas bolsas de pobreza que ha creado la crisis.

En cualquier caso yo miraría entre los partidos aquellos que están dispuestos a distribuir mejor las rentas a favor de toda la sociedad. Hemos conseguido una enseñanza gratuita y una sanidad pública que ha sido modélica en muchos sentidos. Pero la misma espiral de corrupción social ha perjudicado ambos derechos sociales, llevando la picaresca hasta los extremos más penosos. Y la crisis finalmente ha estado a un paso de destruirlos.

Por eso no debemos confiar en promesas que pueden convertir el país en un páramo donde el capital se exilia porque no puede crecer. Lo que nos llevaría por la senda de algunos países cuyas experiencias ya conocemos y cuyos resultados siguen siendo desastrosos.

Yo desde luego no pienso votar a formaciones políticas que siguen trufadas de corruptos sin juicio. Pero tampoco me arriesgaría a dejarme embaucar con cantos de sirena. Apuesto por políticas que saben fomentar la creación de empresas y consiguientemente disminuir la tasa de paro. Y me preocupa que algunos justifiquen determinadas cifras optimistas con una clase obrera que no llega a tener un salario digno para subsistir. El empleo precario está llevando al país a un peligroso choque de trenes. Porque somos conscientes de la avaricia de la banca que ha sido la primera responsable de cientos de abusos sobre la ciudadanía, bajo la mirada cómplice de la clase política.

Pongamos por tanto distancia entre esos partidos que funcionaron en su momento y que ahora ya no merecen la confianza del ciudadano. Y no apostemos por aquellos que centran su política en atacar al contrincante. Esa polémica de y tú más; debe dejar paso a personas limpias de un pasado lleno de maniobras tenebrosas. Y que hoy muestran claramente dignidad y compromiso por regenerar la sociedad.

Como ven les dejo que piensen en sus candidatos. Porque si hay algo claro es que la confianza de los partidos sigue sostenida por los candidatos elegidos en las diversas formaciones. Pero la imagen que buscan de esos candidatos tiene que reflejar exactamente la política del partido y no la oratoria para la galería, a la que tan acostumbrados nos tienen sus señorías.

Probablemente España camina hacia el final del bipartidismo, tal y como hasta ahora lo veníamos conociendo. Pero si eso significa alguna semejanza con la riqueza y pluralidad de la primera transición, estaremos en buen camino. Porque desaparecerán aquellos que ya son historia para dar paso a un relevo no solo generacional sino también de compromiso social. Y eso es lo que nos hace falta, gente capaz de tener visión de futuro y saber por donde puede ir el mundo dentro de una sencilla década. Plazo corto, pero tal y como ahora suceden los acontecimientos no se puede aventurar una política de mayor alcance. Todo sucede tan rápido que pocos pueden sospechar lo que pueda suceder ni siquiera en un lustro.

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Acerca de Carmen Bellver

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