El peligro de la Iglesia se encuentra dentro de la misma

Cuando yo comencé a colaborar en Religión Digital tenía una visión de la Iglesia completamente deformada por los seudo-católicos. Por eso afirmo que el peligro de la Iglesia se encuentra dentro de la misma. Y llamo seudo-católicos a todos aquellos que explícitamente tras abandonar sus votos y ser censurados por sus doctrina heréticas, siguen practicando el arte de marear la perdiz. La confusión llega a tal extremo que hoy es difícil no estar contaminado por estos seudo profetas de la nueva era. Una Iglesia donde ni hay tradición, ni hay moral, ni hay otra cosa que esas dosis de misericordina que cubre cualquier podredumbre. Y utilizo palabras del Papa Francisco porque parecen haber cogido como estandarte alguna de sus ocurrencias, sin el menor discernimiento.

Pero lo cierto es que a la Iglesia se le ha enviado a convertir a los pecadores. Y eso supone creer en el pecado. Algo que a los seudo profetas se les indigesta. Hablar de ello es casi como mentar a la bicha. La Iglesia no dice que todos vamos a estar salvados en el último momento, cree firmemente en la posibilidad de la condenación eterna, aunque como es obvio no es ella quien dirime una cuestión atribuida a Dios. Sin embargo, muchos imbuidos por un infantilismo propio de inmaduros se empeñan en seguir intentando casar churras con merinas. Y lo que no puede ser, nunca lo será.

Si algo ha hecho daño a la religión es los peor de la psicología chupiguay que algunos practican desde cualquier púlpito mediático. Confundiendo ideologías con religión que proviene del latín como religare o re-legere y no es exclusivamente un conjunto de creencias para el cristiano. Sino un encuentro personal con Dios. Y ese encuentro se lleva a cabo mediante su hijo Jesucristo. Convertir al Hijo de Dios en una especie de hippie que acogía a prostitutas y pecadores, sustrayendo de la lectura que les pedía la conversión y el cambio de vida, es una de las pócimas más amargas que tenemos que tragar los creyentes de buena fe.

La Iglesia camina hacia los últimos tiempos sin duda. Y para ello solo hace falta abrir los ojos y los oídos. El extermino de cristianos en zonas amplias del planeta es una muestra palpable de que pese a todo la sangre de los mártires seguirá siendo semilla de nuevos creyentes. Siempre fue así. Pero la pregunta fundamental es si estos seudo profetas están dispuestos a reconocer que sólo dentro de la Iglesia está la salvación. Que el peor camino recorrido por el ecumenismo es hacernos pensar que cualquiera se puede salvar. Entrando de lleno en una contradicción enorme. Si Cristo vino a salvarnos del pecado y de la muerte. Y estará con nosotros hasta el final e los tiempos. El pecado siguen presente y hay que combatirlo.

Cuando el fenómeno de los mass media adoctrina la moral social y el pensamiento débil entra a formar parte de tantos cientos de buenas personas, nos encontramos de facto a un paso de la apostasía por parte de miles de hermanos que no ven en nosotros al católico convencido de las verdades de su fe, sino que ven las componenda que permiten lo blanco y lo negro a la vez. Y esa antítesis real es la que destruye la Iglesia.

Por no hablar de quienes desean convertirla en una sencilla ONG ocupada de los pobres del mundo, pero sin la sal y la mostaza que hace crecer el Reino. No se predica la santidad de vida, ni la virtud ni la bondad. Estamos de hecho inmersos en los valores del mundo que se oponen directamente a los valores del Reino. Y no está bien que nos confundan los saltimbanquis de turno, cuestionando verdades de fe.

Las buenas reformas de la Iglesia han venido siempre de mano de los santos. Ellos son quienes han sabido otear en el horizonte qué nos alejaba de Dios y qué debía aproximarnos más a él. Cuando los misioneros ya no predican a Cristo y tan solo se ocupan de las necesidades sociales de su entorno, se está falseando la religión y se está dando un sucedáneo de achicoria en vez de un buen café.

En este tiempo de cuaresma sigo insistiendo que el camino marcado por la Iglesia no es para tener la cara avinagrada y el estómago vacío. El camino de la conversión pasa por tiempos fuertes de oración, reconocimiento de nuestra débil condición de pecadores y la limosna reconvertida en miles de actos que no pasan necesariamente por el vil metal.

El problema de los seudo católicos y seudo profetas es que tienen abierto un gran mercado, son protegidos por los suyos y siguen siendo lobos escondidos con piel de cordero. Pero de esto algo nos dijo ya Jesucristo. Lo que sí podemos hacer es rezar por su conversión de corazón. A mi concretamente me dan mucha lástima.

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Acerca de Carmen Bellver

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