El pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros

No sólo voy a reconocerme pecadora. Afirmo que sufro los envites de las tentaciones mundanas. Estamos en una dinámica que si no apareces en los medios no existes. Y ese pecado de vanidad lo sufren todos los escritores y periodistas. Pueden caer en la dinámica de desear que sus páginas sean visitadas por cientos de personas. Por eso es muy difícil ser fiel a uno mismo y no caer en la tentación de escribir un poco para la galería. La vanidad y los celos nos pueden corroer en el mal sentido de la palabra. Aunque debiéramos distinguir entre la admiración y la envidia que la resumen muy bien el catecismo. La envidia es el pecado por el que entró el poder de la muerte en el mundo: San León Magno afirma que “La gracia inefable desde Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio (sermón 73-4) Y santo Tomás de Aquino explica “Nada se opone a que la naturaleza humana haya sido destinada a un fin más alto después del pecado. Dios en efecto, permite los males para sacar de ellos un bien mayor, De ahí las palabras de San Pablo “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rm 5, 20)

Pero ¿qué es la envidia?Se afirma que es el deseo desordenado de poseer los bienes de otro. Eso hace que el sistema capitalista, por ejemplo, esté corrompido de raíz. No se fabrica según las necesidades, sino que éstas se crean para aumentar la productividad y con ello los beneficios. La libre competencia es en sí mismo un mercado de envidiosos.

Según el Catecismo 1866 Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza. La soberbia es desde luego de las más peligrosas nos hace creer que siempre tenemos la razón.

1868 el pecado es un acto personal. Pero nosotros tenemos una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos a ellos. Participando directa o voluntariamente. Condenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos. No revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo. Protegiendo a los que hacen el mal.

2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico social, la envidia,la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan si cesar la paz y causan las guerras. Eso dice el catecismo pero podemos añadir que también las enemistades entre las personas sigue la misma dinámica.

Tenemos que ser hijos de la prudencia cuando hablamos de los demás. Excepto cuando la Iglesia se ha manifestado claramente y considera heterodoxia la doctrina de determinados teólogos. Entonces nos debemos a la Verdad. Tenemos que optar entre estar dentro o fuera de la Iglesia. Hacer aforo de libros o publicaciones que van en esta linea tiene su peligro. La soberbia no puede matar la caridad que rige las relaciones cristianas. Aceptar lo que dice la Iglesia es un acto de obediencia. Si no creemos en ello, estaremos desde luego en el otro lado. El de la disputa permanente, el enfrentamiento y la heterodoxia más ramplona. Por mucho que haya una gran labor investigadora y docente detrás.

Uno debe ser amigo de sus amigos, pero no al precio de confundir a los demás, porque entonces coopera con el error. Y eso es algo que no parece que esté bien. Defender heterodoxos o ser martillo de herejes. ¿Cuál es el camino elegido?. Al parecer los hechos muestran a las claras la realidad. Está bien que un periódico digital ponga noticias de todo tipo, esa es su función. El peligro sobreviene cuando entre esas noticias se comienzan a destacar exclusivamente a unos en detrimento de otros.

Seamos conscientes de nuestros pecados de favoritismo, de vanidad, de envidia y tantos otros que nos golpean directa o indirectamente. Estamos en tiempo de conversión, buen momento para reflexionar sobre ello.

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Acerca de Carmen Bellver

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