“Los obispos piden perdón por no haber sabido responder a los más pobres”

Mientras se habla de una Iglesia para los pobres, mientras se denuncia la corrupción y la avaricia. Sin embargo el titular de Público es el que encabeza este post. Ya quisiera yo que pidieran perdón tanto los corruptos como los promotores de esta crisis. Sería deseable, pero se quiere dar la imagen de una Iglesia ajena al sufrimiento de los pobres y rica, cuando lo es en patrimonio que pertenece a toda la humanidad. De una Iglesia aliada con el poder, cuando por la base hay un voluntariado que da de comer sin pedir el carnet de afiliación a ninguna fe.

Bien es verdad, que hay que sopesar actuaciones que no casan con la pobreza. Me refiero a los palacios principescos, a los servidores de obispos a tiempo completo, mientras el Papa Francisco vive en un modesto apartamento y come de la mesa común junto a los demás. Si las actitudes del Papa llevan a nuestro episcopado por la senda de la austeridad y de no forzar componendas con el poder, podremos sentir que se hacen un poco más de los nuestros, de los de a pie de obra.

Si bien es verdad, que tampoco hay que engañarse, el sueldo de los obispos y sacerdotes es mileuristas, aunque eso no impide que algunos hagan ostentación de autos caros o áticos principescos. Por eso la instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal se titula, Iglesia servidora de los pobres. Como no podía ser de otro modo el cristiano está dedicado a los demás a tiempo completo.

Algo que no es nuevo en nuestra realidad social. Que se lo pregunten a los agentes de pastoral de Cáritas, que mueven cielo y tierra para mantener economatos con las aportaciones de los fieles. Nos gustaría ver que estos bancos de alimentos funcionan también en sindicatos y partidos. Con las mismas aportaciones de sus afiliados. Y así se haría posible uno de los principios de la doctrina social de la iglesia que es la subsidiariedad.

Los obispos saben que la política si no está dirigida al bien común se llena de demagogia y corrupción y el Papa no deja de denunciar la una y la otra. Frente a la crisis hay soluciones que implican la aportación de todo el tejido social. Pero para ello también se debería hacer una autocrítica desde los centros de poder económico y político. Saber pedir perdón es un arte que nos hace más cercanos a los demás. Porque todos cometemos errores y algunos repercuten gravemente en la estructura de la sociedad.

En tiempos de elecciones alejarse de la línea de quienes desean excluir un tercio de la población de las fuentes del bienestar, es imperativo y moralmente necesario para cualquier creyente. Lo complicado sigue siendo casar todas las exigencias de la fe con el programa de un partido determinado. Que no digo que no los haya, pero que tal vez no tienen ni el apoyo, ni el respaldo económico necesario para hacer una buena campaña.

Mientras tanto seguiremos defendiendo la causa de los que han perdido todo apoyo social y ni tan siquiera tienen las ayudas mínimas del Estado. Sin olvidar que los obispos en su documento piden entre otras cosas “cultivar una sólida espiritualidad que dé consistencia y sentido a nuestro compromiso social”, así como “afrontar el reto de una economía inclusiva y de comunión”

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Acerca de Carmen Bellver

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