Conscurso concursantes y audiencia: fenómeno sociológico

Deberían de hacer un estudio sociológico sobre la chabacanería y lo perjudicial que son determinados programas televisivos. Dispuestos a subir audiencia insultando a sus concursantes, haciéndoles pasar malos momentos, revolcándolos en el fango de la mentira y la calumnia. Son programas perniciosos que crean un caldo de cultivo social peligroso. Si ese es el patrón que se quiere vender para la sociedad, estamos creando un monstruo que como Saturno devorará a sus hijos.

Salvo algunos concursos de lujo, culturales y educados. El resto se mueve entre lo abyecto y lo peor. Sin contar que todo está amañado para mantener a la audiencia pegada a la pantalla. Pero qué tipo de audiencia es capaz de aguantar cómo se insultan a voz en grito dos personas. Cómo los presentadores se trasmutan de periodistas en acróbatas de la estulticia. Programas diseñados para crear adiciones perniciosas. Lejos están aquel Un dos tres, que divertía a la familia y mejoraba las condiciones económicas de sus concursantes.

Hoy es necesario usar gafas de filtro para evitar ser contaminados por lo chabacano que desgraciadamente se introduce en nuestra casa y nos da los modelos sociales a seguir. Atacar sin piedad, destruir al contrincante, hacer uso de la mentira y a calumnia. Todo ello perjudica gravemente la salud moral de la sociedad.

La televisión es un potentemente medio de domesticación social. Como el pan y circus de la antigua Roma hoy nos mantiene alejados de la realidad para enfangarnos en una sociedad falta de valores y ética, que perjudica gravemente las generaciones más jóvenes, aquellas que tienen en sus manos el futuro de nuestra sociedad.

Si enseñamos a poner zancadillas, a ser solidarios sólo por quedar bien, a mentir, a fomentar la envidia y las bajas pasiones. No esperemos ninguna regeneración social en estos comicios que se avecinan. Los partidos son hijos de la sociedad y la reflejan con todas sus carencias o virtudes.

De manera que tenemos delante una gran responsabilidad para desconectar de esos programas de ingeniería social, diseñados con premeditación para sacar lo peor del ser humano. Valoremos aquellos que nos hacen crecer en cultura y educación. Que saben debatir con educación. Que dejan las palabras coloquiales y malsonantes en sus hogares y respetan la audiencia.

Ahora que estamos en plena campaña volvemos a ver ese mismo modus operandi entre las formaciones políticas enfrentadas en un y tú más, que sólo lleva al hartazgo del personal. O vendiendo humo a sabiendas que nunca cumplirán lo que prometen.

Es hora de modificar la ley electoral, de recortar privilegios a quienes debieran representar la voluntad de la ciudadanía y se han dedicado a esquilmar las arcas del Estado con componendas y contubernios vergonzosos.

Vuelvo a insistir en que no se puede tener actores como representantes de la ciudadanía. Necesitamos políticos en el noble sentido del servicio a la polis. Gente que tenga vocación de servicio, no intereses particulares para calentar un escaño y vivir del cuento.

Han sido ellos quienes han decepcionado al ciudadanos con sus corrupciones y trapicheos. Y no olvidemos que también son ellos quienes diseñan los programas televisivos que debemos ver. Programas que se repiten en otras zonas geográficas como si hubiera un plan preestablecido para volver cada días más orweliana esta sociedad.

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Acerca de Carmen Bellver

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