La misión de la Iglesia

Las resdes sociales se llena de fotos con frases impactantes a las que solemos ciclar un me gusta, en muchas ocasiones de manera mecánica, sin advertir que esconden dobles mensajes contradictorios. Este es el caso de la imagen que me ha hecho reflexionar y lo cuelgo en el post. Si verdaderamente la misión de la Iglesia sólo es anunciar a Cristo sin conseguir conversiones hemos entendido poco el Evangelio. Ese id y predicad a todos los hombres supone que la Iglesia de Cristo tiene como función salvar almas. Y por ello ha de conseguir convertir a creyentes y no creyentes. Porque la conversión y el anuncio de Cristo es una misma dinámica que se produce en simbiosis.

Cierto que el proceso de conversión corre a cuenta de la gracia y no somos nosotros quienes convertimos a nadie con el anuncio de Cristo. Sino que el mismo Cristo consigue llegar al corazón de los fieles, y de los alejados. Pero hoy que celebramos en muchos sitios el Corpus Christi, no podemos olvidar que el pan y la sangre de la Eucaristía se ofrecen conjuntamente con nuestros mismos cuerpos como oblación. La caridad fraterna surge de esa Eucaristía. Anunciar a Cristo es ir consiguiendo renovar los miembros de la Iglesia interior y exteriormente y además, acercar a los alejados.

No basta con anunciar a Cristo, hay que llevarlo incorporado en la misma piel para que otros lo encuentren en el pan y la sangre de la Eucaristía y en ese compartir fraterno que hace posible la unión de toda la Iglesia. Y sí, es necesario conseguir miembros, ya lo creo. Cuantos más seamos el poder del sacrificio en el altar es mayor y produce más frutos. De Eso no hay ninguna duda. Cuantas más oraciones y plegarias se elevan al cielo, el puente se abre hacia la Tierra. Nos lo piden los santos y la Virgen. Hay que orar día y noche y hay que rogar por la conversión de los pecadores. Que no son sólo los no creyentes, sino también nosotros mismos.

El anuncio de Cristo y conseguir miembros que se adhieran a su causa es una cosa común y lógica, lo contrario no tiene sentido
. Dicen las estadísticas que aumentan las cifras de católicos, pero disminuye la práctica sacramental. Por desgracia también disminuye la oración personal, y con esos mimbres poco se transformara el mundo en el Reino de Dios tal y como el mismo Cristo predicó. Hacer un cielo en la Tierra es la misión de la Iglesia y de los fieles creyentes. Buscar el bien por encima de cualquier otra consideración. Rogar por vivos y difuntos. Clamar día y noche para convertir los corazones de piedra en corazones de carne.

Conseguir miembros adheridos a la causa de Cristo y que la vivan en su familia es el objetivo del anuncio de Cristo. No hay otro, ni puede ser menos importante. Somos responsables de ello ante toda la sociedad. La transformación de valores que vive nuestro mundo clama honestamente que llevemos el mensaje de Cristo como lo único que va conseguir cambiar las cosas. Porque lo hace de raíz hundiéndose en el corazón de las personas, rechazando la corrupción y la deshonestidad. Esa es la razón por la que la regeneración social necesita de nuestra oración y de nuestra participación.

Por tanto no nos quedemos solo con anunciar a Cristo, pidamos al Señor que convierta a su pueblo y que actúe el Espíritu para que renueve la faz de la Tierra

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Acerca de Carmen Bellver

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