El éxito o los frutos

El Twitter del obispo Munilla daba ayer con el quid de la cuestión: “Nuestro objetivo no es tener éxito, sino dar fruto” . El cristiano y la Iglesia, no van tras el éxito de sus obras, sino que buscan que den fruto. Que sean instrumento del Señor para mayor gloria suya. Puestos en la balanza el éxito y el fruto, cualquiera advierte que el éxito es lo efímero aunque resulte glamuroso y que el fruto es lo permanente y la perla de verdadero valor.

En los Consejos Parroquiales se desarrolla en ocasiones la misma dinámica, ¿cómo podemos acercar a los alejados?. ¿Qué pastoral hay que hacer para conseguir que una parroquia esté viva y no aletargada?. Pues bien, de alguna manera puede que nos estemos preguntando por el éxito de nuestras acciones, no por los frutos de nuestras obras. El mismo dilema de cientos de congregaciones religiosas que inventan y reinventan programas para hacer atractivo el mensaje de Jesús. Y vuelve la pregunta a martillear: ¿se trata del éxito o de los frutos?.

Los frutos al contrario que el éxito son prácticamente invisibles. Hablemos de los frutos del Espíritu de la carta de San Pablo y reconoceremos en ellos algo que sucede en la más estricta intimidad: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de si. Contra esto no hay ley que valga. Los que son del Mesías han crucificado sus bajos instintos con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5, 22-24).

¿Es posible que esto se entienda en un mundo sobresaturado de imágenes donde la apariencia lo es todo?.¿ No estaremos invirtiendo el sentido del mensaje?. Buscamos parroquias dinámicas, vivas, llenas de jóvenes y nos preguntamos cómo hacer atractivo el Evangelio. El mismo capítulo de Gálatas lo deja claro: “Las acciones que proceden de los bajos instintos son conocidas: lujuria, inmoralidad, libertinaje, idolatría, magia, enemistades, discordia, rivalidad, arrebatos de ira, egoísmos, partidismos, sectarismos, envidias, borracheras, orgías,y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que se dan a eso no heredarán el Reino de Dios. (Gálatas, 5 19-21).

En un mundo donde las imágenes lo son todo, el modelo de cristiano se aparta del modelo de sociedad que se nos vende como fabulosa y exitosa. Esa es la principal reflexión, el cristiano camina hacia una minoría donde el estilo de vida se identifica por otro proceder. En donde el consumismo, el dinero, el poder y el éxito no son las prioridades fundamentales.

Decir esto a quien desea triunfar en la vida y lograr un porvenir, es duro, pero al menos no estamos aguando el mensaje del Evangelio, no estamos vendiendo humo, falseando el futuro e imaginando una sociedad que nos va a acoger con los brazos abiertos. El mensaje de la cruz sigue estando presente y la mejor pastoral es la de la realidad. Enseñar la resiliencia y no rebajar el listón para llenar el aforo que más pronto que tarde quedará vacío y desangelado.

No es fácil la pastoral juvenil, lo sabemos todos. Pero es que hoy se ha perdido el orgullo de ser de Cristo y de no ser del mundo. Y cuando se pierden las prioridades, las pastorales sirven para lo que dura el periodo lectivo, luego se desvanecen como azucarillos en el agua. Cierto que la educación imprime carácter y que son muchas y muy buenas las obras de jóvenes que abandonando la Iglesia han ido a recalar en partidos políticos o en ONG. Cierto todo ello, pero no olvidemos el mensaje del obispo Munilla. No se trata de tener éxito sino de dar frutos.

El mundo se cambia a través de las personas que saben estar en su tiempo, alertas a las necesidades de su época y colaborando allí donde creen que pueden ser más útiles. Pongamos que sor Forcades ha decidido el éxito antes que los frutos. Habrá elegido de modo equivocado. No se trata de ganar unas elecciones; tampoco se transforma el mundo sólo con el activismo, sin la oración silenciosa de los monasterios, la oración diaria de los fieles y la comunión de los santos para que el Espíritu actúe en nosotros.

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Acerca de Carmen Bellver

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