Todo al final sirve para bien

Esto del reinado de Dios no parece que funcione a la manera del mundo, por mucho que se trate con parábolas asequibles que nos lo relacionen con la semilla, que va creciendo sin que él sepa cómo. La cosa podría decirse que funciona sola, es cuestión de ver como crecen los tallos , luego la espiga, después el la grano en la espiga. Pero ojo porque cuando la cosecha está a punto, mete en seguida la hoz, porque ha llegado la siega. ¡Uf!.

Por una parte aunque sepamos que debemos sembrar, cuidar y regar lo sembrado, también sabemos que no todo está en nuestras manos. Y además cuando el tema se pone interesante al parecer la cosa ya es irreversible, ¡ha llegado la siega!. Bueno pues da esperanza y alegría saber que aunque seamos una calamidad la siembra sigue y la semilla crece hasta la llegada de la siega.

Esto es como la anécdota que se cuentan sobre San Juan XXIII, al Papa Bueno le preguntaron si no le atribulaba el peso de su responsabilidad, a lo que él contesto con gracia que no estaba en su mano sino en la del Espíritu y por tanto dormía muy feliz.

Puestos a echar una mirada al mundo tan desolado como anda, parece que debemos ver más bien esas pequeñas semillas que siguen dando fruto en tantos rincones ocultos. Sin preocuparnos de lo brillante y aparente, sino más bien de lo sencillo y cotidiano. La película “cadena de favores” es una buena muestra de lo que cada uno puede hacer desde su humilde rincón.

Como dice el viejo refranero a “Dios rogando y con el mazo dando”. No se trasformará el mundo por el activismo desaforado de los políticos, pero en cambio es posible que si la piel de quienes representan al pueblo está regada con buena semilla, el fruto será más acorde con el reino de Dios y sus frutos.

Ahora mismo vivimos una gran trasformación social en miles de municipios y ciudades. La capacidad de diálogo de los ediles y concejales nombrados hará posible un cambio notable de paradigma en muchos lugares. Pero sólo la posibilidad de que sepan unirse para luchar contra la corrupción podrá regenerar el mapa político de España.

Por otro lado, el laicismo de las nuevas formaciones quieren relegar a la nada las raíces cristianas de este país. En cambio, tienen propuestas interesantes para regenerar el tejido social. Nos toca a nosotros mostrarles que no somos ningún enemigo a batir. Esa fue la gran lección de la Transición, saber unir sensibilidades distintas para construir algo mejor. Ese debe ser también el objetivo de esos paladines de la izquierda más cerril que ya va colgando etiquetas, como si todo fuera blanco o negro.

La cuestión es que ante la tempestad que tantos anuncian hay que mantener la calma. Confiando que esa semilla que no sabemos bien como crece, fructifique pese a la adversidad y las inclemencias que se anuncian. La semilla de la regeneración social está ya sembrada. Y aunque no tenga nada que ver con la semilla del reinado de Dios. Vale la comparación para no perder la esperanza. Que es una virtud netamente cristiana y nos enseña que aunque pinten bastos, todo, todo, al final sirve para bien.

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Acerca de Carmen Bellver

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