Lo escondido, el lugar preferido por Dios

Continuamos la serie que indica la dificultad de poner en práctica el Evangelio. Hoy nos vuelve a abofetear la Palabra de Dios:
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como lo hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en la sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vas a rezas, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu >Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.”(Mateo 6, 1-18)

Al parecer todo debe suceder en lo escondido, en lo oculto, en lo que se ve sólo a los ojos de Dios. Y eso no va bien con los programas de audiencia mediática, ni siquiera con mantener un blog en un portal que hable de información religiosa. Es como si debiéramos ocultarnos al mundo. Sin embargo, sabemos bien que lo que se pretende es disminuir la vanagloria, la vanidad por los actos que hacemos. Bajar un poco los humos a ese activismo solidario en el que deseamos figurar en primera página. Porque el Evangelio debe ser predicado a tiempo y destiempo y con todos los medios a nuestro alcance. Eso sí, la cuestión opera en lo escondido una vez más. No figura en los anales de las portadas de los medios televisivos. Aparece en la trasformación del corazón y en los actos cotidianos de bonhomía que se realizan pasando inadvertidos al mundo, pero no a sus implicados.

Siempre recuerdo en estos casos el personaje de Qué bello es vivir, la película de Frank Capra, tantas veces repuesta en Navidad. Pero que viene a mostrar que un hombre sencillo con su comportamiento ha hecho por los demás, algo extraordinario, aunque reciban con banda de música al hermano que regresa héroe de la guerra. En realidad el verdadero héroe es el personaje interpretado por James Stewart. Y cuando leo este pasaje del Evangelio me recuerda que hay miles de pequeños actos de bondad en el mundo que pasan al estilo de Jesús desapercibidos. Que no tienen relumbrón, pero trasforman más la realidad que esas donaciones millonarias hechas para quedar bien y encima desgravar al fisco.

Estoy pensando en esos homenajes que los amigos les montan a otros amigos. Mientras hay tantísimos seres anónimos que hacen mucho más por la trasformación social que esos personajes mediáticos, que pasaron por el foco de los platós televisivos como grandes prohombres de la bondad. Y cuando leemos este Evangelio, resulta que esas grandes ONG que van pregonando sus obras por todo el universo, no están muy bien vistas por Jesús y sus palabras de hoy. Hay que huir un poco del mundo que quiere atraparte con su fila tela de araña para llevarte por el camino equivocado. El bien que hoy predica la Palabra de Dios, es grato a los ojos del Señor en lo secreto. Menudo bofetón a esos actos solidarios multitudinarios y mediáticos, a esos conciertos en pro de cualquier causa, a esas figuras del cine que son abanderados de ONU de la FAO o de cualquier otro organismo, que utiliza su imagen.

Hoy son de nuevo los actos, íntimos y personales, inadvertidos a los demás, al menos no proyectados en el mundo mediático, los que parecen valer el ciento por uno para Dios. Y claro, nos preocupa pasar desapercibidos, que no se sepa lo mucho que hacemos por los demás. Que la joya de la Iglesia que son los pobres, no se reivindique. Pero así son las cosas del Reino de Dios, desproporcionadas a los ojos del mundo, incomprensibles y sobretodo, sencillas, humildes, sin ningún tufo de vanagloria mundana.

Acerca de Carmen Bellver

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