Y qué dicen los poderosos de esta Encíclica

Se están haciendo numerosas valoraciones sobre la nueva encíclica del Papa “Laudato si”. A mí, en cambio, mi interesan esas primeras reacciones que ésta ha tenido en el mundo político. Llama poderosamente la atención que el candidato republicano Bush, exprese que ni su obispo ni su Papa le dictará la política medioambiental. Se sobreentiende que tampoco le dictara otro tipo de política económica que también va reflejada en la encíclica y que hace referencia a la necesidad de cambiar las estructuras financieras, podridas hasta la médula y basadas en la especulación más rastrera.

Los ecologistas por su parte están de enhorabuena, Greenpace alaba la postura firme y coherente del Papa que no se para solo en denunciar el maltrato al medio ambiente, sino que va más allá y acusa directamente a las estructuras dominantes como la causa de este desaforado descarte de los bienes que nos han sido confiados.

Pero el Papa reparte estopa para todos, también remarca la familia como centro de vida donde se aprende lo mejor para la humanidad, donde los pequeños detalles de reutilizar, conservar, y cuidar el medio ambiente, se beben como el agua en la mesa común. Y es que apagar las luces, compartir el vehículo, hacer uso del trasporte público, ya entra dentro de las recomendaciones de a pie que el Papa nos hace a todos los creyentes, pero también, en general a la humanidad.

Porque esta es probablemente la encíclica menos religiosa que se haya escrito nunca. Hay encíclicas sociales, desde luego. Pero en esta se ataca a lo que es la sociedad de consumo y la sociedad tecnológica que arrincona al ser humano en aras del beneficio y la productividad. Por eso, es una encíclica que como dice el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, va dirigida a toda la humanidad y diagnostica los problemas, pero también señala a los culpables.

La pregunta es si los grandes organismos internacionales leerán como aporte a la humanidad esta encíclica, produciéndose alguna reacción que afecte directamente a la FAO, impidiendo, por ejemplo que se especule sobre el precio de los alimentos en las grandes bolsas económicas del mundo. Sería de agradecer alguna medida concreta, también en esas crisis tan mal gestionadas por los gobiernos, que han impuesto recortes a la salud y la educación, pero no han implementado medidas contra el monstruo financiero que produjo esa crisis.

Que los bancos sigan siendo motor de un país y a su vez dictadores de las políticas sociales, que siempre conserven su poder y nunca sean penalizados por sus actitudes especulativas y vendedoras de productos tóxicos a sabiendas. Es una de las cuentas pendientes que nos deja esta Encíclica pero que sí sabe señalar con firmeza.

Más allá del brindis al sol de este canto a la creación por el que el Papa se postula, hay mucho mar de fondo donde todos podemos poner de nuestra parte. Pero especialmente los más poderosos tienen una responsabilidad ineludible con las generaciones futuras.

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Acerca de Carmen Bellver

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