“Ponte en pie”

Talitha, qum “Escúchame tú, chiquilla, ponte en pie”. Impresionante el desenlace del Evangelio de Marcos, donde por el medio se cruza la hemorroisa, la mujer con flujos de sangre que sana con sólo tocar el manto del Señor. Jairo el padre de la niña que está muriéndose también confía en Jesús, le pide que vaya a ver a su hija.

En ambas escenas hay un acto de fe perfecta. La mujer con flujos de sangre cree que podrá ser sanada con sólo tocar el manto de Jesús. Que para hoy resulta equivalente a tocar cualquier reliquia sagrada. Creer que puedes ser sanado, pedirlo interiormente. Ese es el único secreto de hoy. Pero aún hay otra acto más profundo que es el de la humildad.

Y para Jairo, todavía es mayor la confianza. Tú hija ha muerto. Pues bien, Jesús le pide que confíe. “Ten fe y basta”. Siempre que llegamos a estos pasajes del Evangelio una se pregunta por tantísima gente que pide con fe que se le cure de sus enfermedades y sin embargo no es escuchada. No va de milagreo el Señor, eso lo hace con cuenta gotas. Va de que tengas fe, incluso en tu enfermedad como medio o proceso en el que va a salir algo mejor. Y si es el fin, que lo asumas con dignidad, también con confianza. Va de que tengamos la humildad de reconocer que precisamos su intervención.

Estos milagros de Jesús siempre descolocan a quienes no son sanados y piden por la curación de sus males. Y sin embargo, están en el Evangelio para mostrarnos que para Dios todo es posible. Y que no hay que perder jamás la fe.
Ponte en pie amigo enfermo y desesperado. Ponte en pie como la hija de Jairo y sigue adelante, aunque la enfermedad te pese como una losa. Pide al Señor tu curación, acude si es preciso a la intercesión de los beatos. Y no temas sobre el resultado de tus plegarias, porque los caminos del Señor son así de misteriosos.

Cuánta gente suplicando día y noche, Dios mío, y sin embargo Tú sordo a su clamor. Tienen motivos para enfadarse contigo: visitan santuarios, hacen promesas sagradas. Son los fieles que te siguen como la hemorroisa, dispuestos a rozar el terreno sagrado para recibir la sanación. Y en este pasaje tú les hablas directamente a ellos. Al enfermo y al que va a morir. Creer en la resurrección es también un acto de fe. No todo se queda aquí. Y creer que hay que ayudar a quien lo necesita, que somos intermediarios para devolver la salud y la vida a los demás, es aquello que también debemos considerar en esta pieza maestra del Evangelio.

El poder de la oración, el poder de la fe y el ponerse de pie. El caminar hacia la vida sea ésta como sea. Caminar siempre mirando hacia la meta final que no está precisamente aquí entre nosotros, sino en la vida futura. Pero mientras no perdamos jamás las esperanzas de que Dios puede obrar maravillas. Con la humildad paciente de la hemorroisa tocamos y veneramos los objetos sagrados. Tomamos el pan de la Eucaristía que es el mejor alimento en la enfermedad. Y seguimos esperando que la fuerza sanadora del Señor se manifieste ahí, en nuestra debilidad.Porque es ahí donde no hay que perder jamás la esperanza ya que con toda seguridad
Dios nos ayuda a sobrellevar el peso de nuestra enfermedad, con paz y alegría, que son los frutos del espíritu, capaz de obrar esa trasformación en nosotros.

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Acerca de Carmen Bellver

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