Tiempo de pequeños gestos

Hemos comenzado la etapa estival, donde las vacaciones y las rebajas son las protagonistas principales. Pero estos dos largos meses son también el tiempo del sosiego, de la media jornada en las oficinas, de las piscinas llenas por la mañana, con los niños a cuestas. Y también la de los comedores escolares, para quienes menos tienes, la de el asueto en casa sin aparato de aire acondicionado, para economizar gastos, vacaciones de chiringuito como mucho, con chanclas y pantalones cortos. Vacaciones de los típicos urbanitas que no pueden pagarse una estancia en la playa o la montaña.

Y este es un tiempo también privilegiado para quienes conservan la casa del pueblo y se desplazan a su lugar originario. Unas vacaciones rurales con sabor a verbena de los años cincuenta. Que ahora se transforman en karaokes. O en discotecas al aire libre. Que de todo hay en la viña del Señor.

Y por eso también es una buena oportunidad para reponer pilas, leer algo instructivo, y soportar estoicamente el castigo del asfalto para quienes tienen que permanecer en las ciudades. Tiempo para las serpientes de verano, esas noticias que nunca se confirman al cien por cien, pero nos llenan la pantalla del televisor de dimes y diretes. Porque hasta sus señorías cerrarán en agosto el Congreso y la política del país será un hervidero de rumores sobre las próximas elecciones en Cataluña y las previsiones de un adelanto de las generales para el país.

Tiempo para observar a los nuevos ediles de Podemos y de Ada Colau, que siguen sorprendiendo con medidas populistas. A finales de septiembre se habrán cumplido los plazos de cortesía para ver que han dado de sí estas nuevas formaciones. Con sus nuevos aires y movidas que siguen siendo unas grandes performances pero no de lo artístico sino de los snob.

Tiempo también para que los creyentes reposemos en el reclinatorio de la oración. Con horas de estío que nos sobran y podemos dosificar en mejor medida.

Tiempo en el que vamos a seguir hablando de la Encíclica del Papa y de sus consecuencias a nivel global. Son muchos los analistas, muchas las declaraciones. El próximo viaje a tierras del Continente Americano, volverá a sonar el cántico de San Francisco de Asís y Laudato si’ nos mantendrá ocupados este largo verano que tenemos por delante. Porque además, tenemos un Papa que no parece conocer las vacaciones, que tan sólo pone los motores a medio gas, pero sigue con el ejercicio del papado las veinticuatro horas. Algo que tampoco parece que vaya a cambiar este año.

Y este domingo Grecia nos dirá exactamente qué cosa es esta Europa del Fondo Monetario Internacional que estamos construyendo a base de recortes para unos y pelotazos especulativos para otros. Tiempo también para soñar, un mundo más humano, donde no se persigan a los cristianos. Y las guerras puedan resolverse en los despachos diplomáticos con esperanza para la población civil, atemorizada y sacada en éxodo de sus tierras huyendo del caos y el terror.

Pues bien, todos estos tiempos que vamos a vivir, soportados estoicamente con sus correspondientes olas de calor. Son preciosos a los ojos de Dios y una nueva oportunidad para todos nosotros. Aprovechemos bien las pequeñas parcelas de felicidad que a todos se nos reparten en mayor o menor medida. Porque de los pequeños gestos están hechas las grandes ocasiones.

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Acerca de Carmen Bellver

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