De milagros y sacramentos

El Evangelio de hoy nos habla de la multiplicación de los panes y los peces. No hace mucho un sesudo teólogo se tomó la molestia de explicar que este milagro no existe, que es un hecho simbólico. Basta leer a San Juan para deducir que allí está todo muy bien explicado. No tenían denarios para comprar alimentos para todos. Y allí había un niño con cinco panes y dos peces. La bendición de los bienes y la multiplicación de los mismos, hace que sobren varios canastos con aquellos escasos bienes que se habían multiplicado. Creerlo o no es un acto de fe. Ponerlo en duda una cuestión de mala fe o de triste pérdida de la misma.

Existe una verdadera obsesión por negar acontecimientos sobrenaturales. Tanto es así que no hace mucho Pablo D’Ors reflexionaba sobre el valor de los sacramentos en una entrevista en Vida Nueva y los vaciaba de contenido. Si realmente uno no cree en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, el acto de adoración al Santísimo puede parecer una necedad. Y así sucede con el bautismo o con la comunión. Que se convierten en rituales. Pero eso no es cierto, nada más que para quienes han perdido la fe en estos mismos milagros y sacramentos. Para el resto, es una cosa muy sería de la que no dudamos. Y a la que nos sentimos con necesidad de proclamar a los cuatro vientos.

Es cierto que en la multiplicación de los panes y los peces se da un acto de caridad ante la necesidad de la multitud. También es verdad que creemos en Jesucristo no por sus poderes extraordinarios de aparente taumaturgo. Los milagros son la manifestación del poder de Dios ante los hombres, y los realiza en contadas ocasiones y por muy buenas razones. Negarlos es casi una boutade que no tiene otro objeto que negar la divinidad de Cristo. Convertirlo en un profeta de su tiempos, un ser dotado de extraordinaria capacidad de oratoria y convicción, pero nada más.
Por otra parte sabemos que Dios no suele actuar con actos milagrosos nada más que en contadas ocasiones. Que la fe es algo más profundo, pero al paso que vamos no nos va a quedar nada en lo que creer. Por eso está bien que otros teólogos defiendan la fe que nos sustenta es el caso de monseñor Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe que ha respondido a Pablo  D’Ors.

A mí me gustaría que otro teólogo respondiese sobre la multiplicación de los peces y los panes. Que no se quede por el aire que este hecho es ficticio, simbólico o quimérico. Me da lo mismo. Yo creo que Cristo curó a todos los enfermos de los que habla el Evangelio y si dejo de creer en uno de estos hechos extraordinarios, mi fe en Cristo puede tambalearse. Porque a partir de negar uno sólo de ellos, la duda sobre el resto se esparce como una mancha de aceite.

Por otra parte la fe es un don que puede ser bombardeado de muy diversos modos. Con gente que nos sorprende en sus declaraciones, por representar lo que representan, por ser sacerdotes o religiosos. Y que nos van dejando tocados interiormente. Eso ha sucedido a lo largo de todos los siglos. Porque siempre han habido herejes. Pero hoy tenemos además, la posibilidad de conocer esas herejías en tiempos de milisegundos. Por tanto es necesario reaccionar ante ellas con la precisión de un reloj suizo.

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Acerca de Carmen Bellver

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