Y ahora también se cuestiona la liturgia

Me duele que algunas voces hablen de los sacramentos como rituales vacios de significado. O que la liturgia está totalmente desfasada. Me duele porque lo que observo es una falta de conocimiento de lo que se está realizando en cada momento. La liturgia actualiza la Palabra de Dios, nos acerca a su presencia, nos une en la oración común. Que para muchos no signifique nada, nos lleva a pensar que no conocen lo que hacen o no viven lo que representan. Me da que han perdido la fe y por el camino quieren echar balones fuera, tirando la culpa al ritual romano. Cuando este nos remite a una tradición de miles de años.

Supongo que todo es modificable: la participación de los fieles, los sacramentales. Pero la realidad es que esos cambios no operan en nada en el interior del individuo. Y ahí es donde llega la gracia que es un don al que todos estamos llamados mediante los sacramentos y a través de la liturgia.

Una misa vivida con intensidad y conociendo bien en qué consiste cada una de sus partes, es lo máximo a lo que los fieles estamos llamados a vivir. Una ofrenda personal que nos envía hacia los demás.

No creo que la liturgia esté desfasada. Pienso más bien, que no se predica sobre la misma, que no se conoce porque no hay una buena catequesis pastoral, donde se viva en intensidad, no sólo la oración y los sacramentos, sino también el estudio de la fe.

Tras asistir a esos actos litúrgicos que algunos consideran rituales alejados de la realidad, puedo asegurar que el fervor y la devoción aumentan y no se diluyen. Siempre y cuando sepas qué es aquello que estás realizando. Y esa labor está en manos de quienes está.

No hay nada más hermosos que la liturgia católica. Ni mejor presentada a los fieles con todo el significado trascendente que lleva adosada. La desgana tal vez sea la tibieza personal al acercarse a esos mismos sacramentos. Porque la liturgia trata precisamente de acercar a los hombres a Dios. Vivida con intensa fe, produce sus frutos. Vivida con desgana y vacio interior, debería ser ocasión de una profunda revisión personal y una confesión.
No se puede asistir a las misa como quien va a un partido de futbol. No es un espectáculo. La unión del AT y de los Salmos al N.Testamento son espejo de las maravillas de Dios en la historia de su pueblo:

“La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este divino alimento es una fuerza de unión: nos une al Cuerpo del Salvador y hace de nosotros sus miembros para que vengamos a ser lo que recibimos…Este pan cotidiano se encuentra además, en las lecturas que oís cada día en la iglesia, en los himnos que se cantan y que vosotros cantáis. Todo eso es necesario en nuestra peregrinación (San Agustín, serm 57, 7, 7, )”
Todo obra para el bien, y en ello debemos confiar. Si no llenamos las iglesias tal vez es porque no tenemos suficiente fervor en aquello que debemos realizar.

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Acerca de Carmen Bellver

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