Nos hacen falta santos como Domingo de Guzmán

Hoy celebramos la memoria de Santo Domingo de Guzmán. Si por San Francisco de Asís siento una enorme simpatía, por el santo español, fundador de la orden de predicadores, creador del rezo del rosario inspirado por la misma Virgen María, predicador infatigable, siento un inmenso agradecimiento. Ambos santos fueron los pilares en la Edad Media de las ordenes mendicantes. Y reformaron la vida religiosa además de influir en su tiempo de manera prodigiosa.

Hoy necesitamos santos como estos para atravesar la grave crisis de la Iglesia. No hace mucho leía de un teólogo que la Eucaristía fue una cena normal y corriente. Llevamos varios domingos donde el Evangelio habla de la Eucaristía como pan de vida. Y donde Jesucristo es ese pan que nos salva. No entiendo cómo se puede relativizar el misterio de la Eucaristía. Hablando de la reforma de la liturgia para dejar lo sagrado en el baúl de la ropa usada. O inventar prodigiosas merendolas con rosquillas y mantras de dudoso origen, rehusando considerar a la liturgia como algo fundamental que recoge la Tradición y que nos une en la mesa de la Eucaristía.

Nos hacen falta santos que pidan la conversión a los pecadores, como lo hacía Santo Domingo, aunque tuviera que ser expulsado o apedreado de una ciudad. Santos que gemían por las almas que iban al infierno y no dudaban en ayunar para salvarlas.

Personalidades con este fuego y pasión por sus hermanos y Dios, trasformarían la tibieza de muchos creyentes. No se preocuparían más que por la salvación del otro. Pero hoy cuando ponemos en duda el infierno, la condenación eterna, el misterio mismo de la Eucaristía, la Resurrección de Cristo, los milagros de Jesús. Hoy, insisto es más preciso que nunca rogar por la conversión de los pecadores y por la fe de nuestros hermanos.

Nunca ha sido tan necesaria la oración de petición, como ahora. Oración para trasformar los corazones helados por la mundanidad, en corazones de fuego rebosantes de amor a Dios y a los hermanos.

Necesitamos predicadores que agiten el espíritu y lo inflamen de fervor. Y tal vez nos sobren gestores de las bolsas como Judas, que en teoría se dedicaba a dar de comer a los pobres y a repartir según se necesitase. Judas que en el momento supremo optan por traicionar al Señor y venderlo por cuatro monedas, con el fin tal vez de crear una nueva religión, un nuevo orden mundial. No sé bien. Pero hay mucho Judas disfrazado de seguidor de Jesús.

Oremos para que el Sínodo de la Familia no suponga como algunos dicen un cisma. Porque realmente la Tradición recoge lo mejor de los Evangelios, aunque algunos también pongan en duda su historicidad. Y así, dislate, tras dislate. La fe de muchos hermanos se debilita y se deforma.

Que San Francisco y Santo Domingo de Guzmán guíen a otros en su empuje de vivir el evangelio y predicar la Palabra de Dios para la salvación de las almas y para que el Reino llegue a todos los corazones. Solo Dios basta, como decía la santa abulense. Nos sobran los falsos profetas.

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Acerca de Carmen Bellver

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