La persecución de la cruz

El laicismo, hijo de la diosa razón y de la Ilustración, se adueña de las Instituciones. Allí donde hay una cruz se retira en nombre de la separación de poderes. Es curioso la inquina que se tiene al símbolo que representa toda una civilización de miles de años, con lo que conlleva adherida a su piel. Universidades; Hospitales; Centro de cuidados de disminuidos psíquicos; Centros de mayores; catedrales, estilos arquitectónicos y pictóricos, filosofía, literatura. Sería interminable enumerar todo aquello que representa la cruz y lo que hay tras de ella. El símbolo del triunfo del bien frente al mal, no es sólo un símbolo religioso. Y así lo han entendido las instituciones civiles que seguían utilizado la cruz en sus dependencias.

Ahora vienen los laicistas de turno y en el Ayuntamiento de Albalat dels Sorells, se retira la cruz y la guardan en el cuarto de los trastos viejos, al más puro estilo stalinista. Me dirán ustedes que las instituciones civiles no tienen por qué tener imágenes religiosas, pero lo cierto es que no se trata de eso. Las instituciones civiles estuvieron miles de años al amparo de Dios. Sometían su obrar y actuar al juicio de Dios. Eliminado éste por los mal denominados “derechos humanos”. Dios ha sido relegado de la vida civil con las consecuencias que de ello se derivan.

Mientras, en la China comunista, también se persigue la cruz. Pero allí los católicos se abrazan a ella y están dispuestos a morir si fuera necesario. Como anécdota les cuento que yo llevaba un llavero con la imagen de la Virgen de la Salud, era un llavero personal, pero en la escuela pública las imágenes religiosas se persiguen como en la China comunista, cuando por necesidades personales tuve que dejarlo en el colegio, a la vuelta había sido sustraído al más puro estilo estalinista.

Cuando pasan cosas así, una se pregunta si realmente esta sociedad está preparada para convivir con la pluralidad religiosa que nos rodea. El respeto no es arrancar imágenes de los edificios, sino explicar la simbología. El respeto es mantener la libertad de utilizar o no símbolos religiosos para uso personal. Y no pedir que te quites la cruz del cuello. A veces somos como los talibanes que bombardean imágenes icónicas de miles de años. Nosotros lo hacemos al modo moderno y hasta creemos que con estilo democrático. Retiramos las cruces de todas las instituciones. Las vírgenes que protegían las Universidades, los símbolos que unían lo civil con Dios.

Y de esta guisa la sociedad arrincona al Ser Supremo, lo elimina de la vida cotidiana y lo escamotea a los ojos de sus hijos. Quienes deberán vivir la sequía de Dios por imposición. Si continuamos así en los concejos del Camino de Santiago irán desapareciendo las cruces, señales y marcas de un recorrido espiritual que atrae a miles de peregrinos todos los años.

Y no se trata de eso señores. La pluralidad puede convivir con la cruz o con la media luna o con la estrella de David o con un buda. Y las instituciones civiles no pueden olvidar que hay que respetar la iconografía de cada país y región. Sus tradiciones forman parte de la cultura, ya sean procesiones o romerías. Actos religiosos que bendicen actos civiles, son el modo lógico que tiene un cristiano de unir lo humano con lo divino. De conjugar lo sagrado con lo profano. Porque para un cristiano no hay separación de poderes. Es Dios quien lo rige todo.

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Acerca de Carmen Bellver

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