Los flujos migratorios y la crisis humanitaria

Estamos asistiendo a la mayor crisis humanitaria que se recuerda en los últimos años. Desde luego tan importante como la que se dio durante la segunda guerra mundial. Hay unos inmigrantes que huyen de la guerra y necesitan refugio en los países más cercanos. Todos somos responsables de dar paso a estos refugiados de conflictos enquistados durante años. Hay otros inmigrantes que huyen de la pobreza de su país, buscando el dorado europeo que les ofrezca una vida digna y caen por miles ahogados en el mediterráneo o desnutridos por las áridas tierras de África.No hace mucho un obispo les pedía que no se marchasen del país. Que hicieran frente con su juventud y empuje a la trasformación de su tierra. Que no piensen que más allá está la solución a todos sus problemas. Casi con toda certeza se encontrarán en el inicio de una vía crucis permanente. En el submundo de la ciudad europea malviven estos emigrantes que desean con todo derecho un mundo mejor para los suyos.

Es de elemental juicio que a la solución de los refugiados de guerra deben acudir con prontitud las organizaciones de ayuda humanitaria internacional. Y que todos los países del entorno de los que están en conflicto, tienen la obligación moral de prestar ayuda. Lo proclaman en sus tratados los países y naciones del mundo. Lo llevan a cabo organizaciones como ACNUR o la Cruz Roja
.
Sólo la paz y un gobierno justo frenaría estas avalanchas que como las hordas de Atila están arrasando Europa en un flujo migratorio que es imposible asumir, por falta de estructuras y por la grave crisis económica y social que golpea a la vieja Europa. Difícil mantener a una población condenada a la exclusión y la pobreza, al trapicheo y la subsistencia de caridad.

Si hay algo que está claro, pese a todo. Es que por el más mínimo sentido de humanidad no podemos darles la espalda y cerrarles las puertas. Pero si podemos trasmitir a los gobernantes la responsabilidad que tienen en este conflicto migratorio. Son paupérrimas las condiciones de vida en países ricos en recursos naturales, esquilmados por el colonialismo y el imperialismo de los ricos países del norte.

Sólo con que hubiera un mínimo de equidad en las relaciones comerciales de estos países, podrían subsistir dignamente. Si no fuera porque han fomentado los gobiernos corruptos y títeres al servicio del capital.
África es un continente rico cuyo flujo migratorio puede frenarse con unos gobiernos que realmente se ocupen del bien común. Y Oriente, desgarrado por las guerras, puede también encontrar soluciones a su sinrazón fanática y destructiva. Todo ello es posible si los diferentes países que negocian con armas, frenasen ese trapicheo asesino que permite las guerras. Es una vergüenza que Europa esté suministrando armas a los países en conflicto. La responsabilidad moral de esas muertes se encuentra en una cultura de la guerra y no en una cultura de la paz.

Como pide el Papa Francisco, roguemos para que la paz regrese a tantos hogares destrozados y la emigración deje de ser un problema humanitario, creado por la avaricia de los dioses de la guerra y del capital.

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Acerca de Carmen Bellver

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