La nueva guerra mundial

Monseñor Munilla insiste en la ideología de género como causa de todos nuestros males. No creo que este sea un factor único y exclusivo de la situación actual del cristianismo. En un mundo global y relativista, donde la Verdad ha perdido el valor universal que la sustentaba, hemos entrado de lleno en un terreno de arenas movedizas, donde la ideología de género es una entre otras causas de la fragilidad del cristianismo, principalmente en Europa.
El mundo globalizado, lo multicultural, la declaración universal de los derechos humanos, por encima de los divinos, la presión constante de que no debemos evangelizar con la palabra sino con los hechos, dejando de predicar la conversión, dejando de hablar del pecado como causa del fracaso humano. Son pinceladas que unidas al análisis de monseñor Munilla nos llevan mucho más lejos.

Hemos entrado en una dinámica donde se combate la cruz y lo que representa, lo vemos en muchos de los partidos políticos que no tienen reparos en buscar relegar la religión al ámbito de las catacumbas. Que ponen en solfa la Semana Santa y en peligro las subvenciones a las cofradías. Que cambian el himno regional o nacional sin pudor por otros acordes más en consonancia con sus pensamientos.

Creemos que el diálogo posibilita cualquier acuerdo, y sabemos bien que esto es una falacia, cuando se ha debilitado la dignidad del hombre y se hace mofa de los dogmas religiosos, cuando se quiere uniformar la moral desde un laicismo multicultural donde todos bailemos la misma sinfonía. El respeto a la pluralidad es hoy la causa de la debilidad de occidente. Ese respeto que hace callar a la Iglesia, que la convierte en enemigo de un falso progreso moral hijo de esa ideología de género de la que habla monseñor Munilla, Son los resabios de la falta de la Verdad en mayúsculas, que hoy abren un abanico de posibilidades espantosas. El respeto a los pueblos indígenas nos obliga a no evangelizar según el mandato de la Palabra de Dios. El respeto a otras religiones, nos hace claudicar de nuestra propias creencias a favor de un falso ecumenismo. Y así Dios se ha ido difuminando de las instituciones y de las leyes.

Nos invaden las supersticiones, los videntes, el tarot, y un relativismo espantoso que nos hace avergonzarnos de nuestra propia fe. Porque se la está enfrentando al Nuevo Orden Mundial. Esa fe que por una parte se ocupa de los más necesitados sin pedir adhesión a la cruz, sin pedir conversión, ni filiación de ningún tipo. Ese idealismo ha calado en lo más profundo de nuestro ser, hasta hacernos perder la noción de nuestras propias raíces.

La guerra mundial que vivimos es una guerra económica con un sistema depredador y una guerra moral donde las libertades alcanzadas por Europa van a ser sometidas al zarandeo de la pluralidad. Y es que el hombre no puede sustituir a Dios como principio de todo fundamento. Y al querer alcanzar el cielo ha construido una gran torre de babel que nos está succionando en su marasmo.

Si la Iglesia no evangeliza ha perdido el empuje que hizo posible una civilización basada en la justicia de Dios, por encima de la justicia de los hombres. Y estos hombres hoy están en guerra con lo que representa la Iglesia: Verdad; Unidad; Cohesión.

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Acerca de Carmen Bellver

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