La tercera guerra mundial

Pintan bastos en el mundo. Los conflictos se suceden. La corrupción nos asfixia. Los políticos mienten como bellacos, son grandes actores de esa agenda oculta a la que pocos tienen acceso. Movieron el cuerpo del niño ahogado que ha dado la vuelta al mundo. No tiene mayor importancia, a la postre, el niño era una víctima y su imagen ha conmovido las entrañas de la sociedad. Llevamos años con el problema de esta guerra cruel que está enviando más refugiados que durante la segunda guerra mundial.

Pues bien, no voy a lamentarme más. Estoy segura que hay esperanza. Que está en nuestras manos devolver la dignidad arrebatada a tantos pueblos destruidos por las guerras. Hay una convocatoria de oración por las víctimas del conflicto para el día 12 de este mes. Se han juntado decenas de organizaciones para buscar una solución humanitaria. Angelina Jolie como embajadora de ACNUR ha sido contundente en la ONU. Si todos formamos parte de esa pequeña gota que horada la piedra. Podemos estar seguros que habrá una solución.

La otra opción es más oscura. Se adentra en el marasmo de lo tétrico y nos presenta un horizonte pavoroso. Miles de islamistas entrando con pasaportes robados a los sirios. En este aniversario de la caída de las Torre Gemelas, el mundo sigue tambaleándose con la amenaza islamista. Pero lo peor no se cuenta. No se dice que ISIS ha sido financiado por la CIA, el Mosad y otros organismos del servicio secreto de países que se las dan de paladines de la libertad. Lo peor es de una negrura insondable. Por eso no puede triunfar. Debe descubrirse, darse a conocer, salir a la luz. Y que tiemblen los gobiernos que ocultan datos tan importantes.

¿Cuál es la motivación oculta de esta marea humana que nos avasalla literalmente a toda Europa?. Nuestra identidad como nación ha caído en manos de la globalización multiétnica. Y eso en sí mismo no es negativo. Porque aprender a convivir unos con otros, es la puerta abierta a la pluralidad y el respeto. Pero cuando estamos siendo asediados por el mal, el terror, la guerra mundial no declarada pero en marcha desde hace años. Nos queda ponernos la pilas y salir a la calle y pedir la paz. Y exigir a los gobiernos que se destruya el comercio de armas tan rentable, tan ladino.
No, no quiero ponerme tétrica, espero que triunfe el bien sobre el mal. Y hoy no es fácil identificar al enemigo para ganar esta guerra. Hoy es demasiado fácil caer en manos de los manipuladores que nos manejan como títeres y en nombre de la humanidad, tal vez estén buscando nuestra ruina, nuestra perdición en Europa, como continente milenario y creador de la cultura de occidente.

Por eso más que nunca hay que rezar y denunciar la pasividad de determinadas organizaciones mundiales, vendidas a ocultos intereses. Estamos a un paso del cambio de civilización más importante tras muchas generaciones. Un cambio de época que mientras toma el rumbo idóneo sigue golpeando a la humanidad con catástrofes sin parangón.
Nos unimos a la convocatoria de oración, a la solidaridad, pero también no queremos caer en el infantilismo de pensar que esto es fruto del azar. Esto lleva años gestándose en manos de quienes debieran ocuparse del bien común.

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Acerca de Carmen Bellver

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