Educar-enseñar: buen inicio de curso

En estos días de inicio de curso vamos todos a vuelo de ganso. Nos agobian las programaciones, los nuevos alumnos tan desconocidos, tan singulares y a quienes nos debemos. A veces sucede que los papeles van por encima de las personas. Que la Administración complica la educación a extremos bochornosos. Porque en definitiva de lo que se trata es de trasmitir la alegría de aprender, la curiosidad innata para descubrir nuevos horizontes. Y mientras, tenemos que lidiar, con eso: papeles, decenas de papeles. Que nos dispersar de la labor principal. Conocer la personalidad del alumno, conocer la familia.

Me estreno este curso con nuevo grupo y estoy más nerviosa que ellos. Me sobrevienen miles de dudas sobre el cómo, el cuándo, el momento adecuado para cada tarea. Hay que adaptarse a la personalidad del grupo y no es fácil encontrar el camino para cohesionar lo dispar. Y en un grupo heterogéneo y multicultural, la labor se hace, si cabe más difícil.
Pero contamos con la buena voluntad de las personas. En definitiva eso es lo que importa, la cooperación y colaboración en el trabajo. El interés compartido por cada grupo. Confieso que cada día es un reto para mí. Llego agotada y sin horas de descanso. Me vuelco en buscar tareas, en preparar las clases, en organizar del mejor modo posible la marcha del curso.

Sin embargo sé que trato con personas, volubles, imprevisibles, con su bagaje de cosas positivas y también negativas, con su historia personal a cuestas. Me gusta pensar que la educación es el arte de aprender cada día algo nuevo y disfrutar con ello. De la misma manera que ponemos toda la pasión en leer un libro y nos envuelve su trama. En la educación te tiene que envolver la pasión por el trabajo.

Me gusta enseñar, me cuesta más educar, que es una responsabilidad que nos ha delegado la sociedad. Niños con pocas horas para compartir con la familia cuyos trabajos y penurias hacen difícil ese paso tan positivo que es la educación en mayúsculas. Cosas que no se aprenden en la escuela, donde tenemos más obligación de enseñar contenidos.

Sin embargo, estos años la colaboración familia-escuela hace posible que se dé esa simbiosis entre enseñar y educar. Pero sin colaboración familiar poco puede hacer ningún maestro. Por muy buena voluntad que se tenga.

Deseo a todos mis colegas buen inicio de curso. Y mucho ánimo en esa apasionante tarea de educar-enseñar y gozar aprendiendo mutuamente todos de todos.

La verdad es que iba a hablar de la flamante y posible independencia de Cataluña, pero al final lo he dejado correr. No están los tiempos para postularse de un lado u otro cuando todo pende de un hilo.

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Acerca de Carmen Bellver

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