El Pilar, La Hispanidad y la Fiesta Nacional

Unir el Pilar, la fiesta de la Hispanidad y la fiesta Nacional en una simbiosis de acontecimientos religiosos, culturales y patrióticos, tiene hoy un significado especial. Ya sabemos que no todos los partidos políticos optan por celebrar la fiesta Nacional. En un tiempo donde los nacionalismos periféricos rompen sin pudor la cohesión del país. Celebrar esta fiesta es dar carta de ciudadanía a la nacionalidad española. Es sentir el orgullo por lo propio, por esa aparición al Santiago el Mayor de la Virgen María en Zaragoza, con esa proclama de ” id y predicad el evangelio a todos los pueblos”. Con esa pasión desaforada por el mestizaje cultural que supuso el descubrimiento de América y una nueva cultura bendecida por la fe. Con ese saber que la Hispanidad es un puente que hermana dos continentes y que la fiesta Nacional reivindica la unidad de la patria y la bandera.

En unos momentos de caos patriótico, donde sólo en el fútbol aparece el sentimiento de país. Cabe decir que ninguna otra nación vive la esquizofrenia de nuestra piel de toro. Tenemos motivos para sentirnos orgullosos y somos los primeros en cuestionar los grandes logros de esta grande nación. Tanto en el continente hermano, como en miles de gestas que hoy apenas tienen carta de ciudadanía en las escuelas. Y esa falta de educación patriótica se vende muy cara. Porque la ignorancia es la peor de las debilidades que sacuden un país. La ignorancia de nuestra propia historia nos confunde con cantos de sirena de dudosa procedencia que ocultan siniestros intereses.

Todas las naciones celebran su fiesta nacional sin complejos, uniéndose las diferentes corrientes políticas en una misma reivindicación, el orgullo de pertenecer a un país. Hoy sin embargo, nosotros celebramos tres grandes acontecimientos alicaídos en la sombra de culpabilidades ficticias.

Podemos estar orgullosos de que la Virgen María visitase en cuerpo mortal a la ciudad de Zaragoza y animase al apóstol Santiago en su andadura por tierras de Hispania. Podemos sentir el orgullo de una fecha que cambió el panorama mundial con el descubrimiento de un nuevo Continente. Podemos sentirnos orgullosos de celebrar nuestra fiesta Nacional que reivindica cada gesta de este país a lo largo de toda su trayectoria como España. Una nación llena de gloria para el mundo, llena de personajes que han dejado su impronta a favor de toda la humanidad.
Y sin embargo, seguiremos batiéndonos en complejos absurdos fruto de la leyenda negra que supieron trazar los países anglosajones, rivales en tantas gestas en tierras de América.

Cumplamos con honrar la bandera que nos identifica como miembros de un mismo país. Cumplamos con honrar a la Madre de Dios, en esta tierra de María, como la denominó San Juan Pablo II. Cumplamos con nuestros deberes cívicos, que por encima de las diferencias unifican los pueblos en un mismo sentir. Y que nadie nos arrebate el orgullo de ser españoles, pese a las peculiaridades específicas de cada rincón de España.

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Acerca de Carmen Bellver

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