Halloween frente a Todos los Santos

Una vez más llega la festividad de Todos los Santos. Y el día de todos los difuntos se viste de tétricas máscaras que recuerdan lo tenebroso, el lado oscuro de la vida, pero con la inocentada de un carnaval importado desde hace tiempo y fomentado gracias a las escuelas públicas. Ellas son las que han introducido Halloween en el currículo de inglés pero ampliando su celebración como si fuera una festividad propia que entra en los temas transversales. Y así de esta manera tan inocente, poco a poco, la fiesta se propaga a todos los ámbitos culturales de la sociedad.

Olvidamos a todos los santos, olvidamos el verdadero significado de la víspera de Todos los Santos cuando las iglesias se llenan para orar por los difuntos. Cuando todos recordamos que allí arriba la santidad no se gana en la Plaza de San Pedro, sino en el día a día con el anonimato de esos santos que nos precedieron. La fiesta más bonita del año, porque recuerda a quienes gozan de las bienaventuranzas, allí donde ya no hay pena ni dolor, ni llanto. Donde la contemplación del bien hace dichosas a almas, unidas a Dios por toda la eternidad.

Se ha puesto en práctica una lucha titánica por enfrentarse a Halloween, promocionando los disfraces de santos y ángeles en contrapartida a lo tétrico y tenebroso. Pero mucho me temo que nadie consiga ya superar el lado comercial de este festividad pagana y oscura. En cualquier caso, ser conscientes de que esta fiesta está relacionada con cultos paganos y que desvirtúa el sentido de la verdadera festividad de Todos los Santos, es apremiante manifestarlo en cualquier lugar.

Lo que es innegable es que se está introduciendo en la cultura de nuestra sociedad, como un momento de celebración sin prever las consecuencias de llamar al lado oscuro de la vida. Lo tenebroso, lo macabro, no representa la santidad que es luz y vida, que es bondad y gozo. En ese sentido la víspera de Todos los Santos se convierte en fiesta, no en motivo de oración por nuestros difuntos, como en realidad debiera suceder en ámbitos creyentes.

Es la misma sociedad la que debe reaccionar frente a esta imposición cultural cuyo truco o trato no es otra cosa que una mascarada sin sentido. Celebremos en nuestras casas el momento de encender una vela por el alma de quienes nos contemplan ya desde otra dimensión. Celebremos una oración comunitaria en nuestras casas por las almas de nuestros difuntos.

Pero por mucho que se intente imponer Halloween, al día siguiente la radiante luz de Todos los Santos, nos llevará a recordar a nuestros difuntos con flores que adornan y perfuman el lugar donde descansan los restos de nuestros familiares. Nos faltan artistas y escritores que sepan representar con sus obras este día tan gozoso. Antiguamente se reponía Don Juan Tenorio de José Zorrilla y el teatro clásico llegaba a nuestras casas. Hoy la invasión anglosajona acapara las pantallas cinematográficas con sus muertos, fantasmas y seres deformes. Despistando a nuestros hijos del verdadero sentido de este día tan señalado y especial. Difuminando el respeto a los santos, verdaderos desconocidos de nuestros tiempos.

Sería de agradecer que las cadenas católicas emitieran, en este día, estas vidas que vivieron las virtudes teologales en grado máximo. Y cuyo ejemplo debería movernos a todos a seguir sus huellas.

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Acerca de Carmen Bellver

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