Catalunya y su ultimátum secesionista

Llevamos años de un jaque permanente a la Instituciones del Estado por parte de la Generalitat de Catalunya. Y los diplomáticos y juristas ponen toda su carne en el asador para atar cabos y que nada pueda suceder el próximo 9 de noviembre. A mi juicio este proceso secesionista ha sido permitido durante treinta largos años, de preparación meticulosa, de colonización mental de los escolares, de desidia permanente de los políticos nacionales que contaban siempre con los partidos nacionalistas para hacer la cama.

Se trata de que se ha manipulado la historia y se ha desvirtuado el vínculo con la nación española por parte de ciertos grupos nacionalistas que están ahora dispuestos a proclamar la República de Catalunya. Lo que no se dice, lo que se oculta tras las bambalinas de este teatrillo, es que los dineros esquilmados al pueblo son el origen como siempre de este despropósito. Estamos ante la estafa permanente de los corruptos dispuestos a seguir adelante, como sea, antes que perder sus privilegios.

Pero no sólo nos preocupa que parte de los catalanes reacios a la independencia sean dejados de lado. Nos preocupa y mucho, que esto pueda estallar en un enfrentamiento. Hay que ir con pies de plomo ante lo que pueda suceder el 9 de noviembre porque a la vuelta de la esquina se encuentra el 20 de diciembre. Y las elecciones generales pueden ser sorprendentes en todos los sentidos. Si es que antes nos sucede ninguna trágico acontecimiento que desemboque en el caos.

La estadísticas se empeñan en poner en primer lugar el paro y la corrupción dentro de las preocupaciones de los españoles. Y muy por detrás la secesión de Catalunya. Craso error. Porque el detonante de la corrupción de Catalunya ha lanzado a esta región al abismo y puede arrastrar a todo el país tras ella.

Las formaciones políticas secesionistas están obnubiladas. Se ha llegado al punto de no retorno. Y el país anda mientras tanto ocupado en sacarse las castañas del fuego todos los días. Pero sin conciencia de que Catalunya ha puesto en peligro la estabilidad nacional. La situación es tan peligrosa que la alerta es de riesgo mayor.

Y mientras tanto comienza la campaña por las elecciones generales, con un panorama desolador. Donde todos mirar hacia el nordeste, para mover pieza con garantías. Puede que estemos al principio de la disolución del territorio español tal y como lo hemos conocidos durante cientos de años. Puede que unos pocos nos metan a todos en un brete de mucho cuidado. Los que resulta evidente es que la Constitución de 1978 ha caído herida de muerte y necesita urgentes reformas.

Esas reformas están en la agenda de determinados partidos políticos con carácter perentorio. Y aquí todo toma tintes de ultimátum, mientras el país sobrevive como puede a la que ha sido la mayor crisis política y económica de los últimos tiempos. Una crisis mal resuelta, precipitaría desenlaces inesperados e inciertos. Roguemos para que esto no suceda así.

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Acerca de Carmen Bellver

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