El Papa en África abre la puerta a la esperanza

Comenzamos el Adviento que es un tiempo de esperanza coincidiendo con la visita del Papa a África, en un recorrido de vértigo, para un hombre de su edad. Pero con el ímpetu de un espíritu joven y sin pelos en la lengua. Si hay algo que caracteriza al Papa Francisco es su claridad. Habla de la corrupción con la misma naturalidad que se refiere a la coherencia de vida en el cristiano, denunciando la tibieza y el acomodo. Todos los países visitados esperan que la luz desvanezca las tinieblas del odio y la guerra enquistados en esta zona.

Dicen que si hay alguien que lo puede conseguir es el Papa. Y recordamos que otro Papa hizo caer el muro de Berlín, de manera que el muro de la vergüenza de la corrupción política, puede transformarse en regeneración social, si disponemos de hombres y mujeres dispuestos a empeñarse en ello. No olvidemos la apuesta ecológica de la encíclica del Papa Francisco, que hace enervar los ánimos de los políticos que niegan el “calentamiento global”. No olvidemos su denuncia de la industria bélica empeñada en mantener las zonas calientes en permanente conflicto.<

Son muchos los frentes abiertos por las palabras de quien se ha empeñado en una transformación radical del papado. Convirtiendo la silla de Pedro en referencia para toda la humanidad, por su cercanía, por su amabilidad, por su denuncia profética frente a los poderosos.

Pero tal vez lo que más convence a todos, es que se empeña en vivir siendo un ejemplo de coherencia. Desde el momento que sigue con sus costumbres espartanas en Santa Marta y renuncia a los apartamentos Vaticanos, hasta su apuesta por visitar zonas peligrosas donde con humor socarrón comenta que lo que más teme son los mosquitos.

El Evangelio de este domingo se tiñe de tonos apocalípticos para hablar de la llegada gloriosa del Hijo del Hombre: “Habrá signos en el sol la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y del oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros temblarán …” Lucas 21, 25-28. Sin embargo, el mensaje no es otro que el de la liberación del hombre y la prevención ante los agobios de la vida. “Tened cuidado que no se os embote la mente con el vicio y la bebida”.

Podemos estar seguros que frente a los vientos huracanados de las guerras, terrorismo y desastres naturales, siempre hay un rayo de esperanza que hoy se alza con la voz del Papa Francisco, en medio de un mundo caótico. “Laudato Si” y el Año de la Misericordia, son las puertas abiertas hacia esa esperanza. La de un mundo que sepa transformar el odio en amor, la guerra en paz, la avaricia en generosidad.

Finalizaba hoy su discurso en Uganda con estas palabras admirables: “Memoria, fidelidad y oración, que siempre empieza reconociéndose pecador. Con estas tres columnas, la perla del África seguirá siendo perla y no sólo una palabra del diccionario. Que los mártires que dieron fuerza a esta Iglesia les ayuden a seguir adelante en la memoria, en la fidelidad y en la oración. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí”

Su permanente petición de oración por todos y por él en especial. Nos recuerda que no somos nosotros quienes realizamos la obra de Dios, sino que es Él quien a través de nosotros trasforma la realidad. Siempre que estemos dispuestos a ser fieles a su llamada.

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Acerca de Carmen Bellver

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