Historias de Navidad II: Reinas Magas

En la Primera Guerra Mundial, en las trincheras, se pactó una tregua en Navidad. También se pactan treguas en la política que deja de estar en primera línea. Para pasar a los mensajes de buena voluntad que cada mandatario envía a su país. Treguas que no se realizan en nuestra tierra donde el absurdo de la ideología de género, del laicismo más ramplón y de la falta de respeto a las tradiciones pone en la Cabalgata de los Reyes Magos a una reina, como si de un triste Carnaval se tratase. Y es que así se viven estas fechas para quienes no contemplan el milagro del pesebre en toda su grandeza.

Para quienes han perdido la referencia de la estrella brillando y guiando los símbolos del poder y la realeza hacia una pequeña y remota aldea. Tenemos mucho que aprender de nuestras tradiciones, conocerlas y hacerla conocer a los demás es una de las obligaciones que todo padre y madre de familia debiera imponerse.

Hemos pasado cuatro domingos de Adviento preparándonos para esta Noche Buena, esta Buena Noticia que se anuncia a los más sencillos de la aldea, a unos pastores que están al raso. Y cuando preparábamos cada domingo nuestro corazón, lo hacíamos con el espíritu navideño de ver nacer a Dios hecho uno de nosotros, dispuesto a compartir nuestras mismas penas y alegrías, a sufrir como todo hijo de vecino, las mismas vicisitudes del ser humano. Hasta llegar a dar la vida, para recobrarla en plenitud, demostrando la grandeza de su amor. Estamos convocados a la vida. Y la fiesta del consumismo, pertenece solo a esa Navidad laica que nos quieren vender determinadas formaciones políticas y el dios del mundo, el dios más pagano que podamos adorar.

La fuerza de los medios de comunicación redoblan con ímpetu esa sensación de que estas fechas son sólo comidas, borracheras y consumo. Frente a ese demoledor escaparate, existe sin embargo en pacto de la Navidad. Que es paz en las zonas de conflicto, que es compartir alimentos con los más necesitados; que es orar por todos los hombres de buena voluntad.

Historias de Navidad que ahora se convierten también en foco de publicidad para los políticos, dados a ejercer actos de buena voluntad con los más necesitados. Repartiendo viandas en los comedores sociales, ejerciendo su foto solidaria. Pero el Dios que nosotros adoramos esta Noche Buena, es un niño en toda su fragilidad, dispuesto a enseñarnos el camino de la fraternidad para toda la humanidad. Un camino que pasa por renunciar a la venganza, que pasa por darse a los demás, que es lo opuesto al triunfo tal y como se entiende en el mundo.

Saber hacer hombres y mujeres de buena voluntad, es el reto de todo padre y madre de familia. Y en eso consiste este gran acontecimiento que los cristianos conmemoramos. Queremos ser hombres y mujeres que lleven paz y armonía allá donde la vida nos llame. Por eso debemos protestar cuando se quieren suprimir el Belén o hacer cabalgatas con reinas que confunden la inocencia de los niños. Hoy si cabe, más abducidos que nunca por la fiesta del consumo.

Enseñemos a los pequeños los verdaderos valores de la Navidad. Y posiblemente el milagro de este día reverbere en muchos corazones. Paz y bien. Feliz Navidad.

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Acerca de Carmen Bellver

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