Brindo por la esperanza de un Año Nuevo

Ya hemos cumplido con el más pagano de los rituales: la despedida del año viejo y la bienvenida a ese año lleno de inesperadas sorpresas, en la que todos nos deseamos amor y felicidad. Un año que no está exento de complicaciones, al menos en nuestro pequeño terruño, pero que abre la posibilidad de que nuestros políticos se centren en lo terrenal y dejen de vagar por el espacio sideral de su ego.

Un año donde los refugiados y el terrorismo nos han golpeado con la misma crueldad que las guerras activas por todo el orbe. Por eso le damos puerta a ese 2015, en el que también se nos fueron un montón de conocidos. La fragilidad humana golpea sin parar la existencia y así, con ese sentimiento de pérdida en las entrañas, deseamos que el próximo año nos traiga más alegrías que penas.

No tengo registro de hemeroteca para comparar las noticias impactantes por su bondad, pero no cabe duda que las hay. Una de ellas sin lugar a dudas ha tenido lugar en Valencia y sus alrededores donde se han congregado los peregrinos de Taizé. Un encuentro ecuménico que abre las puertas en los hogares de miles de ciudadanos para dar acogida a los jóvenes. Un encuentro que congrega diversas nacionalidades en la oración y la solidaridad. Ha sido bello despedir el año con ese grupo de jóvenes llenando nuestras calles, congregándose en las parroquias a la hora de la oración común. Recibiendo en diferentes lenguas la Palabra de Dios. Un encuentro que se repite a lo largo de todos los años. No escuché la noticia en los telediarios de la noche. Pero en cambio, si se habló de un hotel quemándose, donde afortunadamente nadie salió mal herido. Y es que parece que lo apocalíptico y las medidas de seguridad para evitar actos terroristas fueron la nota dominante de esas noticias de fin de año.

Quiero decir que el fenómeno de la despedida del año debería congregar en la pantalla de plasma las mejores noticias, nos los peores acontecimientos, ni los fatídicos óbitos.

Sería maravilloso que como dice el Papa los medios se ocupasen de sacar de sus archivos la belleza de la vida. En estas fechas que celebramos que la luz llega a la humanidad en la fragilidad de un Dios hecho Niño y hombre mortal. deberíamos dar un tirón de noticias positivas, para constatar que el mundo es el hogar compartido por miles de seres humanos. Y estamos congregados a hacerlo habitable y pacífico.

Y así de esta guisa tan sencilla, podríamos visitar hospitales donde la ternura se hace carne en cada uno de las habitaciones junto con el personal que atiende a los enfermos. Podríamos ir a los centros de refugiados donde el calor del hogar se multiplica por cada uno de los voluntarios.

Y esa noche vieja no sería la del glamour de una mesa opípara y unos trajes de diseño. Sino la felicidad tranquila del cariño compartido y el recuerdo nostálgico de quienes nos precedieron en la mesa común. Brindo por este Año que siempre comienza lleno de esperanza y buenos deseos. Espero que sea mucho mejor que el que dejamos atrás. Y en la solemnidad de María Reina de la Paz, deseo que los conflictos repartidos por el mundo apaguen sus armas.

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Acerca de Carmen Bellver

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