En Cuaresma reciclemos los errores

El camino de la Cuaresma es largo y sinuoso. Ayunamos y nos abstenemos de comer carne. Seguimos la tradición de la Iglesia. El ayuno es positivo, puede recordarnos aquellos que no tienen nada que comer. Pasar un poco de hambre es un gesto que podemos ofrecer por aquellos que no tienen con qué llenar su estómago. Y la abstinencia se sustituye por todo aquello que nos impide ser más misericordiosos con los demás. Aunque está bien abstenerse de comer carne; no tiene sentido ninguna de las dos privaciones, sino va seguido por un deseo de conversión y cambio.

En este tiempo es frecuente acercarse al sacramento de la penitencia. Tengamos presente que la sociedad nos acostumbra a pequeños gestos que son en esencia grandes pecados. Y que el deseo de transformar nuestras vidas debe pasar por un fuerte acto de contrición. No tiene sentido ir al confesionario como quien va a la lavandería con intención de limpiar nuestra conciencia para seguir actuando del mismo modo de siempre. La fuerza del sacramento se incrementa con el deseo permanente de remover en nosotros todo aquello que nos aleja de Dios.

Y comenzamos también un tiempo de más oración y de limosna hacia los más necesitados, que tampoco tiene por qué consistir en dinero en efectivo, sino en gestos de cercanía y ayuda solidaria. Uno puede desprenderse económicamente de cientos de euros, será muy positivo y ayudará a los demás; pero seguro que si se comporta con cariño filial o maternal; si cambia sus gestos de desaire hacia otros; si ata su lengua viperina. Estará también actuando según el precepto de esta cuaresma, ayunando de aquello que le aleja de Dios y de los demás. Propiciando un acto de conversión en nuestro interior.

Me gustaría hablar de la Cuaresma como un tiempo de gracia, de mayor preparación para ese tiempo grande de la Iglesia que es la Pascua. Recurrir a lecturas piadosas, rezar más, ser más generosa con los necesitados, no sólo en lo económico. En realidad lo que se nos pide al cristiano es que a semejanza de Jesús pasemos haciendo el bien. Ese es el gran reto de la Cuaresma, prepararnos como gimnastas forzando nuestra voluntad en pequeños detalles, que pueden pasar desapercibidos a los ojos ajenos, pero que son importantes y significativos a los ojos de Dios.

Por eso comienza el tiempo de los buenos propósitos y de la penitencia por nuestras debilidades y faltas. Por eso como Jesús nos retiramos un poco del mundo, nos abstenemos de ver televisión o consumir determinados programas. Buscamos sintonizar en otra onda, en una que nos aproxime más a los espiritual. Y está bien que la Iglesia nos recuerde durante un tiempo lo que debemos realizar durante todo el año.

Es como un recuerdo permanente de lo que tenemos que llevar a cabo día a día. Sin necesidad de proclamarlo como tiempo especial. Por eso la gente que vive tiempos espirituales fuertes, suele ayunar o no comer carne, al mismo tiempo que tiene muy presente el significado profundo de ambos gestos.

Que esta Cuaresma nos ayude a todos a vivir con intensidad la fe que profesamos. Oremos unos por otros y esforcémonos en mejorar.

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Acerca de Carmen Bellver

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