Las tentaciones de Jesús también son nuestras

Los cuarenta día de ayuno de Jesús nos enfrentan a las típicas tentaciones del ser humano. El hambre de Jesús, su propia debilidad, intentando ser saciada “El hombre no vive solamente de pan”. No vive exclusivamente de satisfacer sus apetencias, tenemos necesidades que queremos conseguir, algunos le atrae el lujo, otros el dinero, otros la vanidad. Es en definitiva la tentación del consumo.

Luego tenemos la tentación del poder, de estar por encima del otro, de dominar a los demás. Y sin embargo Jesús le responde: “Está escrito: Adorarás al Señor , tu Dios, y a él solo rendirás culto”. La fraternidad por encima del dominio hacia el otro.

Y la más sutil de las tentaciones caer en la magia en la esclavitud de que es posible someternos a creencias supersticiosas, tentar a Dios para que intervenga milagrosamente en nuestros asuntos. “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

En esta Cuaresma todos tenemos que retirarnos al desierto de nuestra propia interioridad para encontrarnos con aquello que nos está separando del Amor de Dios. Debemos buscar cuáles son nuestras tentaciones más frecuentes: puede ser la pereza, el rencor, el orgullo, cada uno sabe de qué pie cojea. Y si no es así, se debe hacer ese retiro interior que le enfrente con sus propios demonios. Los que le tientan y alejan de Dios.

Cuarenta días dan para mucho, no sólo porque podemos permitirnos la oportunidad de hacer ayuno de palabras que ofenden, de gestos airados, de críticas que nos alejan del respeto al otro. Cuarenta días, para poner barreras a nuestras debilidades y esforzarnos como atletas en las virtudes, especialmente las de la caridad y la limosna.

Hoy celebramos también San Valentín, el obispo mártir por casar a escondidas militares a quienes el emperador había prohibido el matrimonio. Una fiesta de enamorados, pero que también celebra el día de la amistad en muchos países hispanos. Tiempo pues para acercarnos a los demás, sin el festival del consumismo, para mostrarles nuestro afecto. Tiempo para no caer en la banalidad del escaparate, sino en lo principal que hay en nuestro interior.

Coincide igualmente, este día, con la Campaña de Manos Unidas que este año lleva como lema “Plántale cara al hambre: siembra”. Proyectos para ayudar a los más necesitados, pero también para mostrar la voluntad de erradicar la pobreza de tantísimos lugares.

Estamos por tanto de celebraciones en plena Cuaresma. Todas ellas relacionadas con la caridad, el amor, la solidaridad. Tiempo propicio para acercarnos al otro. Hace poco era la celebración del día del enfermo. La pastoral de la salud es de suma importancia en las parroquias donde los voluntarios se acercan a quienes no pueden ya moverse de sus casas.

Y por último vivimos la visita del Papa Francisco a México, donde una vez más denuncia la pobreza, la corrupción, las heridas hacia el hermano por parte de otros hermanos. Me ha llamado la atención que pidiera rezar nos solo por los demás, sino especialmente por los que no queremos y nos han hecho daño. Como escuchábamos este miércoles de ceniza: “Conviértete y cree en el Evangelio” debe ser nuestro lema cotidiano durante este recorrido hacia la Pascua.

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Acerca de Carmen Bellver

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