Del poder clitoriano al Padre Nuestro blasfemo

No me extraña el Padre Nuestro de Dolors Miquel santificado por Ada Colau con un premio a su peculiar inspiración de poetisa ideológica y feminazi. Como no me extraña el destape en la Capilla de la Complutense de Rita Maestre exigiendo el “poder clitoriano”. Dos mujeres completamente abducidas por la ideología de género y aunque no lo crean por lo políticamente correcto. Se hace cada día más presente el frente populismo de amargos recuerdos. Pero es que hay toda una trayectoria de sumisión a una política que ha venido derribando aquello que más unía a la sociedad: la familia y la Iglesia. Dos instituciones vituperadas ahora, con el sabor alegre de la libertad de expresión, por la que es posible cometer los mayores dislates sin consecuencias.

Ambas faltas de respeto de estas mujeres me avergüenzan en carne propia. No es de recibo atacar así las creencias de miles de personas, que además tienen la deferencia de rezar por sus enemigos. Sí, por quienes les persiguen, les acusan y se mofan de ellos. Tenemos que sacar consecuencias de estos actos deleznables. En principio se vuelve a oír como en 1936 “que la Iglesia que más ilumina es la que arde”. Se vuelven a profanar formar sagradas. Y el mal arte, aquel que no tiene otro objetivo que destacar como sea, aprovecha la ocasión para emular cualquier gesto que consiga batir palmas de los enemigos de la libertad.

Porque efectivamente se huele un aire totalitario en estos gestos obscenos y sin pudor, un aire irrespirable de sectarismo. No podemos caer en la alegre bendición de quienes injurian lo más sagrado, ni minimizar su talante provocador. Estas formas de actuar presagian actitudes de fondo que a todos nos debieran preocupar. No son chiquilladas de jovenzuelas. No son bromas grotescas de gamberras. Son la más sutil manifestación del mal gusto hecho carnaza para los medios y los poderes sectarios que nos quieren gobernar. Y de ellos sólo nos podemos librar si sabemos defender aquello que más nos importa. La fe que profesamos, el respeto a la pluralidad, la democracia que construyeron apenas hace treinta y ocho años, hombres y mujeres que supieron restañar heridas muy profundas, para reconciliar a todos.

Echamos de menos esos personajes, ese fuste, ese temple, que por encima de las diferencias unía tras la búsqueda del bien común. Y nos abruma como el poder de los medios han dado al traste con todo lo bueno que se hizo en la fenecida Transición. Porque podemos decir que el talante ha muerto, que surgen ahora nuevas fuerzas, pero no con una actitud conciliadora sino totalmente beligerante. Tanto es así, que tras más de dos meses seguimos sin gobierno y los partidos más votados son incapaces de constituir un consenso para llevar adelante al país.

Algo se ha roto en la política española. Algo que huele a podrido tras estas décadas. Y que ha hecho que no se valore ni lo votado en las urnas ni al político que como los cómicos adula al personal sin el mínimo sentido de Estado.

Puede que el desgobierno obedezca a que estamos rodeados de hombres y mujeres de buena voluntad y escasa cabeza. De intenciones fallidas por falta de inteligencia. En definitiva nos hemos vendido a la mediocridad y estamos pagando las consecuencias.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s