El Papa a veces confunde con su espontaneidad

El Papa Francisco a veces confunde con su locuacidad. Ha dicho hoy en su homilía que la religión no es de palabrería, sino de hechos concretos. Y tiene parte de razón. De nada sirven las palabras sino van acompañadas de algo que el Papa no ha nombrado que es la coherencia. Aunque se presupone que quería hablar de ello. Y ahí es donde yo quiero incidir. Nuestra religión no puede ser puro fariseísmo, como Jesús echó en cara a los próceres de su tiempo, sino que debe arraigarse en la sinceridad de sentimiento y de acción.

Pero nuestra fe se sustenta en la Palabra de Dios, sin ella no seríamos nada, de manera que como bien dicen las escrituras “en el principio fue el Verbo”. Y no sé me temo que esa es la razón de nuestra predicación, de nuestra palabrería, llevar a otros hacia Jesús, explicando que era un ser coherente que fue consecuente hasta el último aliento. Y que nos enseñó a seguir su mismo camino. Un camino que se remonta al profeta Isaías: “Cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien”. “Socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda”.

De manera que como todo en esta vida, también las palabras del Papa Francisco, que suele ser muy espontáneo, llevan a equívocos. Si no hay predicación, la conversión no vendrá sólo por las obras. La fe es un misterio que tiene varias coordenadas. Una de ellas es la oración, que tampoco debe ser palabrería, pero que de hecho utiliza la palabra. Otra es la predicación que no puede dejar de usar el lenguaje. Y por último están los actos, que deben de ajustarse siempre a esos mensajes. Cierto que los demás se quedan con la copla de nuestros actos y actitudes. Ahí es donde las palabras del Papa mejor se explican.

Donde siempre caemos es en el decir y en el hacer, pero eso es una razón de nuestra condición pecadora. No es que yo le vaya a cuestionar la homilía al Papa Es que no me gusta demasiado el activismo vacío de contenido. Tenemos hermosas ONG que se dedican a los más necesitados, todas ellas son obra de la misericordia y la caridad. Pero también dentro de las mismas existe falta de coherencia entre el decir y el hacer.

Me quedo con esta frase de su homilía: “Que el Señor nos dé esta sabiduría de entender bien dónde está la diferencia entre el hacer y el decir y nos enseñe el camino de los hechos y nos ayude a caminar por él”. Yo añadiría que si se busca la voluntad de Dios, el Señor siempre nos guía a ser coherentes. Y eso es lo que importa.

Lo que más se admira de la figura de Jesucristo es precisamente que no se contradicen sus actos y sus palabras. Es humilde y lo muestra, es fiel, es compasivo, es sencillo y también nos pide ser astutos, porque sabe bien que los poderes de este mundo hijos del lado oscuro y del maligno, son muy fuertes.

En esta Cuaresma todos nos deberíamos poner como meta un plus de coherencia. Y también forzar la voluntad con actos piadosos y de caridad. Como decía Teresa de Calcuta, el amor duele, y si no duele no es amor. Cuesta darse a los otros, cuesta perdonar, cuesta ser generosos, cuesta mucho entrar por la puerta estrecha.

Que el Señor nos ayude a todos y en especial a quienes nos dedicamos a la palabra escrita y oral, a no contradecirnos con nuestros actos. Menos mal que tenemos un Dios compresivo y misericordioso a quien siempre podemos acudir para que nos guarde.

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Acerca de Carmen Bellver

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