Pablo VI y las religiosas violadas del Congo

Sandro Magister, Vaticanista de L’Expresso, vuelve a retomar un tema candente. Parece ser que el Papa en su último viaje a México dijo unas declaraciones que tuvo que matizar el portavoz de la Santa Sede monseñor Lombardi. El papa Francisco, entre otras cosas, ha vuelto a sacar la historia de que “Pablo VI, el grande, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos de violencia”.

Y ha añadido que “evitar el embarazo no es un mal absoluto. En ciertos casos, como en este que he mencionado de Pablo VI, era claro”. Sin embargo esto forma parte de una leyenda según Sandro Magister.

La discrepancia a medida que avanza la ciencia, con la Iglesia es cada día mayor. El protocolo en caso de violación aplica la píldora del día después. Por eso hay quien considera el acto de las hermanas congoleñas o bosnias un acto de legítima defensa ante los efectos de un acto de violencia que nada tiene que ver con el acto conyugal libre y voluntario del que se quiere excluir la procreación, sobre el cual, y sólo sobre éste, cae la condena – sin excepción de ningún tipo – de la “Humanae vitae”. Ambos, de hecho, distinguen entre el aborto, mal absoluto que no admite excepción alguna, y la anticoncepción que – dicen – “no es un mal absoluto” sino “un mal menor” y, por lo tanto, puede ser permitida en “casos de emergencia o situaciones particulares”.

En un mundo donde las niñas son esclavas sexuales y están sometidas a la explotación, el Papa de la Misericordina ha vuelto a lanzar una puya a la comunidad internacional. Proteger al indefenso es un imperativo de la caridad. Y en estos casos de conflictos armados, se hace necesario que la mujer no sea instrumento de guerra, como viene siendo habitual. La violación es un acto de humillación condenado por el Tribunal penal de la Haya. En un mundo donde la violencia se lleva a cabo con tanta crueldad. El Papa ha vuelto a expresarse desde el corazón, y no desde el Magisterio.

Al parecer defender a las religiosas en zonas de conflicto es un acto humanitario. Con los avances de la ciencia sólo es necesario utilizar la pastilla del día después, a las pocas horas de la agresión.

Estamos asistiendo a una revolución de gestos del Papa Francisco, que parecen anteponer la Misericordia al Magisterio y que le lleva a aproximarse a los pueblos indígenas, donde tanta violencia sexual se sucede. A los pueblos en conflicto, donde los niños son objetos de abusos violentos que les marcan para toda la vida.

Retomar la píldora del día después en países como Irak o Siria, por parte de las asociaciones humanitarias, tiene su dilema moral. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, abundaron en matices sobre este tema. Que hoy nos sigue preocupando.

Sin embargo defender el embrión es también un imperativo moral. Ahora que estamos en manos de los caprichos de vientres de alquiler e inseminaciones a la carta. No podemos dejar de proteger lo más sagrado. No obstante ambas cuestiones son de actualidad. Tanto proteger a las religiosas en zonas de conflicto y a las mujeres y niñas en general, como permitir la pastilla del día después en casos de violencia. ¿Podemos entender que el Papa ha dicho esto?.

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Acerca de Carmen Bellver

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