Hinchas del fútbol. La jauría humana

No conozco el ambiente de los hinchas del fútbol, más allá de preguntarme cómo es posible que gente normal recorra el mundo tras su equipo. Desconozco la mecánica que hace posible semejante maravilla, pero hemos visto que la deportividad no siempre es lo suyo. Que estos hinchas llegan en oleadas a las ciudades europeas y son fuente de conflictos cívicos, por su actitud de festival continuo que no se lleva bien con la austeridad de la vida diaria.

Ahora además, son noticia porque convierten en carnaza los miserables que están en la cuneta de la vida. Como verdaderos psicópatas, atacan sin escrúpulos al más débil, orinan sobre él, le tiran billetes encendidos en llamas. ¿Qué es lo que realmente hace posible estos sucesos?. Mi teoría es tan antigua como la de los filósofos. La masa es una jauría humana que pierde su identidad y se evapora en ese macrocosmos de pertenencia a una peña. Se hincha de algo, hace que pierda sus propias referencias para adoptar las del grupo. Y si el grupo se sobrepasa, pues de pronto te conviertes en masa, en carne humana sin dos gramos de cerebro capaz de cualquier barbaridad.

La deportividad es un plus de sociabilidad y empatía con los otros. Nos une un deporte, nos hermana una afición. Pero la masa, señores, es lo contrario, convierte al otro en enemigo, en rival, en odio. Y es capaz de actuar de manera totalmente irracional. De eso saben bien quienes frecuentan los estadios, también quienes soportan en los aledaños a los hinchas todos los domingos o días de partido. Cruzan con prepotencia los semáforos, paralizan el tránsito rodado, atemorizan al viandante con sus gritos y algaradas.

La sociología nos habla de esa necesidad de pertenencia al grupo que tiene el ser humano. Sin embargo, también hemos visto como el grupo puede convertirse en una manada hostil impropia de lo racional. La banalidad del mal es así de simple, actúa de esa manera porque es lo que todos hacen, no hay una reflexión moral tras los hechos. Se estaban divirtiendo, o sencillamente se dicen que cumplían su deber. Son las dos caras de la misma moneda.

Por eso es tan complicada la convivencia cuando se enfrentan grupos que se sienten enemigos de otros, rivales, ariscos. Y por eso esta reflexión tiene como objetivo a los más jóvenes que suelen ser por principio más vulnerables a dejarse arrastrar por la masa, por las consignas, por la indecencia de humillar las más débil o de golpear al del partido contrario.

Las manifestaciones festivas de los hinchas que terminan en graves disturbios vienen siendo un denominador común. Y alguien tendría que prohibir a esos señores la circulación en grupo, la masificación torera que les hace embestir sin más redaños que su mente en estado alfa.

Lo hemos visto también en las manifestaciones contra la Iglesia, mientras los jóvenes rezaban el rosario, los escupitajos y las blasfemias llovían sobre sus rostros. Esas mujeres desnudas de torso para arriba, pintadas con arengas de burdel, que entran en las Iglesias y son masa, grupo irracional, peligro paras la convivencia.
A todos ellos les debería caer el peso de la justicia bajo sus hombros. Porque no se puede consentir que la masa perturbe la paz, que lo irracional tome carta de naturaleza por nuestras calles y ciudades, amedrentando a los ciudadanos de bien.

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Acerca de Carmen Bellver

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