Lo importante no es hacer sino ser. Y dar a la vida a los demás siendo

La frase no es mía, pero la hago propia. Corresponde a uno de los amigos del blog. Es su frontispicio en la red. Y cada la vez que la leo me deja anonadada. Muchas veces he intentado hablar del activismo desaforado que nos hace perdernos en un marasmo de ir y venir. Cierto que las obras de misericordia nos hacen ir hacia los demás para desgastarnos por ellos, sin embargo, tenemos la imagen perfecta de Jesús alejándose para orar en soledad, para ser uno con el Padre.

Estamos muy limitados por las circunstancias para lanzarnos a grandes aventuras a favor de los demás, basta en ocasiones que seamos ese buen samaritano que alguien se encuentra en el camino, que sabe escuchar al otro, que sabe animar al abatido.

Lo importante no es hacer, sino ser. Y dar la vida a los demás siendo. Ser un apóstol de la misericordia como predica el Papa Francisco. Que no consiste en ser un relativista que consiente todo. Sino alguien que por encima de juicios acoge, atiende, escucha. Y sabe conducir a Dios de donde mana la misericordia.

Ser testigos del Resucitado supone de alguna manera haber recibido su paz, ese Espíritu que nos hace salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro. Cada uno debe saber quién es ese otro. Porque puede ser su más allegado o un desconocido.

Pero está claro que si no eres uno con Dios, si todo lo que realizas no lo haces con Él, por Él y en Él. El activismo carecerá de sentido. La vida en sí misma es ser. Existir tiene una finalidad para el cristiano, proclamar la Palabra de Dios y ser testigos de su amor. Para ello necesitamos la fuerza del Espíritu que es quien obra.

Nosotros somos meros instrumentos en la mano de Dios. No podemos atribuirnos los actos de misericordia como algo propio. Es el Señor quien nos guía, nosotros por sí mismos sólo somos unos pobres pecadores, dados a la comodidad y el bien vivir. Inmersos en el estado de bienestar, reclamando derechos no para los demás, sino para nosotros.
Somos poca cosa, necios que pierden el Todo por un soplo de gloria. Necios que olvidan que lo importante no es tanto hacer como ser y siendo dar la vida por los otros.

Dejo que cada uno interiorice esa frase, la haga suya. Y que sea capaz de triturarla en oración para que se haga realidad en su vida. Hoy que Tomás duda de Jesús Resucitado, seamos crédulos. Él vive entre nosotros, pero como los apóstoles también nos sucede que no le reconocemos, hasta que realmente su presencia se hace evidente en nuestras vidas. En concreto en la vida cotidiana y anodina del día a día, donde no suceden grandes acontecimientos, sino pequeños gestos que debemos ir realizando con sencillez.

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Acerca de Carmen Bellver

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