Un beso, Tiscar. Sigues con nosotros

Estamos últimamente saturados de los obituarios de personalidades del espectáculo. Cuando algo de esto sucede es inevitable preguntarse por la fugacidad de la vida, si el fallecido era joven. Si su edad era provecta. se da por supuesto que es ley de vida e inevitable. Se hace un recorrido por la vida del difunto, lo que hizo y lo que deja a la sociedad como aporte.

Pero cuando más impacto sufrimos, no es tanto por la pérdida de esos seres creativos y glamourosos de los que habla la prensa. El impacto es más fuerte cuando te atañe en tu piel. El golpe lo sufrimos cuando nos cercenan la vida de un conocido a causa de un desgraciado accidente. Es como si el tiempo se detuviera en un instante para devolverte la imagen del finado clamando por su vida, la que le han quitado, la que ya nunca más recuperará.

Es el caso de una compañera de trabajo que deja dos hijos huérfanos ya de madre. Y es inevitable recordar los buenos momentos vividos junto a esa persona, todo lo que aportaba y ahora ya no puede seguir aportando. La fugacidad de la vida pasa por nuestros ojos y nos interpela. Podías haber sido tú misma y qué tienes que ofrecer al otro lado de la barrera.

Porque para un cristiano siempre hay un salto en el vacío en manos del Padre, abandonados a su misericordia y más dispuestos a reconocer nuestros fallos que aquello que pudimos hacer por los demás.

No es este el caso, ni siquiera puedo hablar con coherencia, ya que el golpe de la pérdida de esta compañera ha sido brutal. Estoy segura que tiene mucho que ofrecer allí donde va. Su vida terrestre ha culminado, pero no su vida en plenitud que comienza en estos momentos.

Y cuántas veces tenemos que repetirnos que es así, que la vida eterna comienza cuando dejamos esta vida fugaz y transitoria. Hay que recordarlo con mucha insistencia porque olvidamos que estamos de paso, y que también cuenta y mucho, todo aquello que hacemos o dejamos de hacer a los demás.

En el debe y el haber mi compañera lleva una mochila llena de bondad, de ganas de trabajar, de amor a sus alumnos. Y ha cumplido en este viaje todo el recorrido que podría haber seguido haciendo. El Señor la ha llamado de manera misteriosa e incomprensible para nosotros.

Os pido que elevéis una plegaria por ella y su familia, que está en estos momentos pasando por un amargo trance. Que el consuelo de la fe no los abandone. Que sepan que ella vive, y vive para siempre con nosotros. Estará presente en nuestras oraciones por los difuntos en cada eucaristía. Y permanecerá en nuestra memoria con su sonrisa de buena gente.

Yo así lo creo y por ello escribo este post. Es mi manera de rendirle un homenaje y de superar también el shock de su pérdida. Un beso Tiscar, desde arriba sigue con nosotros.

Acerca de Carmen Bellver

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