La barca de Pedro navega hacia Lesbos

Pues sí, el Papa Francisco está por abrir la puerta a todos, como lo hizo Jesús. Nadie se escapa a su abrazo, ya sea homosexual o travesti, divorciado o abortista. En un gesto que indica que ninguno es excluido del abrazo misericordioso de Dios. Y eso está bien, pero que muy bien, la única excepción es que no podemos quedarnos huérfanos de la Verdad. Todos los pecadores están llamados a “la conversión”. Y esto que también lo dice el Papa es menos mediático y no sale en la red. Pero está en la letra grande del Evangelio, no en la letra pequeña de las acotaciones.

La metánoia, el cambio de corazón, el nacer de nuevo como Jesús le dijo a Nicodemo. El abandonar las obras de las tinieblas para abrazar las de la luz. Forma parte del seguimiento de Jesús. Porque si obviamos este apartado, parece que las Palabras del Papa se interpretan como que aunque vivamos de la manera que sea tenemos abierta la puerta del cielo. Y no es eso lo que sabemos del Magisterio y del mismo Evangelio. Todos somos llamados, pocos elegidos y muchos serán rechazados. Y esto último ya no gusta; pero es cierto que no podemos vivir angustiados por el pecado, para eso tenemos la confesión que nos devuelve la gracia, para eso tenemos los pastores que disciernen junto a nosotros. Algo diferente a lo que algunos indican.

Parece que el Papa está más preocupado por la bondad del corazón en cada uno de los hombres, que por las reglas y normas. Más ocupado en la casuística que en el rigor de la Ley. Está bien y es verdaderamente revolucionario para un Papa obligado a atender siempre al Magisterio. Pero es que nos ha salido más preocupado por los pastoral que por lo doctrinal, de ahí que se abra hacia las periferias, que busque a la oveja perdida. La cuestión es si este camino llevará a llenar las Iglesias, hará regresar al hijo pródigo o confundirá el faro que guía a la Iglesia.

Un faro que afortunadamente goza del Espíritu por tanto a la larga, no puede fallar dentro de la misma, por muy calamitoso que sea un Papa. Siempre por encima de todo estamos asistidos por el Espíritu y al final prevalece la Verdad que es simple y llana. Ahora avanza hacia Lesbos dando un bofetón a la Unión Europea preocupada por la avalancha de refugiados y por la propia seguridad de sus países. Avanza para hablar del amor y de la puerta abierta a todo el mundo. Y sin embargo, pocos lo tomarán como una indicación más a ejercer la misericordia. Están las cosas más espesas que esos gestos llenos de buenas intenciones.

Y en las fronteras como no podía ser de otro modo se sitúa la Iglesia con todas sus organizaciones, a la cabeza va ahora el Papa, que nos ha dejado rumiando su Exhortación “La alegría del amor”. Y como no puede ser de otro modo, estamos alegres, pese a lo que cae. Cierta confusión de términos. Obispos que entrecruzan pastorales opuestas. Titulares contradictorios, cuanto no, contrapuestos.

Dejemos que la barca de Pedro siga navegando por esos impetuosos mares a los que se ha lanzado. Y oremos para que el camino y la senda abierta por esta exhortación sirva para unir y no para dividir. En principio el mar está agitado, la barca se zarandea, algunos duermen, otros se aterrorizan y Jesús sigue en la misma. Así que tranquilidad.

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Acerca de Carmen Bellver

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