Pese a los pesares, gracias a la vida

Es casi un insulto decir que la vida es bella cuando se leen tantas calamidades. Una se arrebuja en su colcha por la noche y no deja de pensar en aquellos que están al raso. Bendice el desayuno por la mañana y automáticamente recuerda las imágenes de hambrunas. Pero la vida es un don, una maravilla, aunque nos cueste a veces digerir. Y cuando llega la primavera se muestra en todo su esplendor en la naturaleza que florece y revive.

Las imágenes de los terremotos, las guerras, las calamidades de nuestros propios convecinos, en paro, inmigrantes, desahuciados no deben nunca enturbiar nuestro estado de ánimo. Es posible que el shock de las imágenes nos impacten hasta el llanto. Es posible que hoy estemos orando y aportando nuestro dinero por las víctimas en Ucrania, en Siria, en tantos sitios como hay. El drama de los refugiados nos conmueve las entrañas. Y sin embargo, la vida sigue en todo su esplendor. Gracias a Dios.

Quiero decir que no me van a arrebatar ese hálito divino de dar gracias a la vida por todo lo que tengo y recibo. Sólo me importa ser capaz de darme yo misma a los demás, con generosidad. No temo la muerte porque sé que es un puente hacia la eternidad. Y sólo me espanta no ser útil, no aportar nada a la sociedad. En realidad, ese granito de arena que cada uno lleva en su mochila y se derrama con cada uno de nuestros actos cotidianos, es el milagro de la vida.

Afortunadamente ese milagro cotidiano sigue produciéndose en forma inesperada para los refugiados que el Papa consiguió llevarse hacia el Vaticano, para aquellos que son atendidos por las ONG, son esos buenos samaritanos sin distinción de credos quienes hacen de la vida un lugar habitable. Y en eso debemos también reposar la mirada o terminamos por no disfrutar de lo más preciado que tenemos.

El Evangelio que es Buena Nueva precisamente es un canto al optimismo, estamos en Pascua, ya nada podemos temer. Todo lo que tenía que pasar ha pasado. Ahora es tiempo de dar gracias y de hincar los codos cada uno en su rincón para hacer un mundo mejor. El cómo se nos escapa de las manos, porque la turbia realidad política del momento no nos deja oxigenarse, pero tampoco importa. Lo cierto es que tras un terremoto y cientos de víctimas siempre se esconde el milagro de la vida. Y se aprende a que hay que construir con mayor seguridad en zonas sísmicas. Y aún cuando no tengamos gobierno lo irónico es que a cada noche le sigue su mañana, y el mundo no se para por esas realidades.

Me pido como siempre una buena dosis de adrenalina para que la astenia primaveral no me baje las defensas. Es importante saber mirar lo que nos rodea, saber actuar cuando conviene, y saber disfrutar de cada minuto regalado por Dios. Así que ánimo, cuando una flor se desvanece, surge una nueva flor en el jardín de la vida. Hay muchos motivos para dar gracias. No seamos mezquinos ensuciando la belleza de la creación con lamentos. Vivamos el gozo del día a día. Y pongamos nuestro granito de arena para socorrer a quienes lo necesitan. Seguro que ellos si estuvieran en nuestro lugar harían lo mismo por nosotros. Todos somos hijos del mismo Dios. A todos nos espera un destino que es el encuentro con el Padre. Como decía Santa Teresa de Jesús:

Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta: Sólo Dios basta.

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Acerca de Carmen Bellver

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