El futuro que se nos impone

En tiempos convulsos se suele decir que hay que construir puentes. Es una frase engañosa que nos desliza por el tobogán del relativismo más ramplón. En tiempos recios, como diría la Santa abulense, lo que hay es que jugar el todo por el todo y tener muy presente la verdad, como brújula que rige la vida.

Hemos aparcado los sentimientos tradicionales de la familia y el respeto, por ese ir de colega con coleta, por ese dar todo por bueno, sin más discernimiento que el que blasonan los púlpitos mediáticos. Y claro, perdemos la identidad por el camino y llegamos a situaciones verdaderamente dantescas. No imagino una copa del Rey pitando al Rey. ¿Habrá mayor contrasentido?. Ese ondear banderas republicanas por el aire, ese pitar al representante de un país, en un evento deportivo, muestra la deriva cerril de quienes confunden la tolerancia con la falta de respeto.

Esa falta de respeto lleva a los tribunales a quienes osen llamar al orden y defienda los valores tradicionales de la familia. Le ha pasado a monseñor Cañizares, hay temas que no se pueden tratar, es como mentar a la bicha, y la cornada está asegurada
.

Pero esos tiempos recios necesitan personas de temple como el desaparecido Miguel de la Quadra Salcedo. Personas con una impronta que dejan huella y una herencia de saber hacer las cosas con rigor, con profesionalidad. Por eso defender los valores básicos de la convivencia no es ir contra nadie, es sencillamente apostar por la verdad.
Los que van contra los demás, son quienes se sienten heridos por ser diferentes, por querer acaparar un espacio que no les pertenece. Se puede respetar todo, pero no se puede claudicar ante lo obvio, que se nos quieren imponer ideologías de cariz totalitario con la coartada de los derechos humanos como fondo. Confundiendo al personal con la demagogia barata y de merengue.

Tiempos de posicionarse a favor o en contra con diálogo sí, pero sin claudicaciones hacia la galería. Por eso tenemos presente la imagen de un Jesús misericordioso, tolerante, pacífico. Y sin embargo, capaz de coger el látigo y expulsar a los mercaderes del templo; capaz de llorar por aquellos que van buscando la manera de comprometerlo. Un Jesús, que nunca claudica ante la verdad. Y ahí es donde debemos mirarnos en el espejo. En defender la pluralidad, sin romper con los principios que sustentan nuestra fe y en tener claro que son los otros quienes persiguen al disidente.

No somos nosotros quienes vamos contra nadie. Sencillamente hacemos un llamado a la conciencia antropológica del ser humano, a la esencia de sus valores, y ese llamado molesta a quienes tienen como blasón el relativismo más ramplón como compañeros. Ser tolerantes, no nos convierte en cómplices de políticas que van contra la esencia de la familia. Y en eso debemos ser cautos, porque se están aprobando leyes que socavan los cimientos de esta sociedad, tal y como la conocemos desde hace muchas generaciones.

Nuestra civilización peligra por las ideologías totalitarias que quieren imponer el blanco y negro para todos, en nombre de los derechos humanos. Olvidando que antes se encuentra una antropología milenaria que sustenta nuestra civilización. Y que todos debemos defender, va en ello nuestra propia supervivencia.

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Acerca de Carmen Bellver

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