“Llena de gracia”, los últimos días de María

Ayer estuve viendo Llena de gracia. Un silencio casi sagrado durante todo el metraje. Una música que invita a la contemplación. Unos paisajes maravillosos. La historia de los últimos días de María se recrea en esta pequeña perla cinematográfica, mostrando la visión de unos seguidores de Jesús, sobrepasados por su misión. En ella Pedro, titubea, se siente inseguro, no ve claro su papel de líder de la Iglesia. Ni siquiera es capaz de resolver los problemas que surgen entre los nuevos seguidores del Galileo.

María nos invita como siempre a la confianza, al milagro de su FIAT que hizo posible la Encarnación y a sabernos portadores de una fe que va en vasijas de barro, que muchas veces parece diluirse, desvanecerse, pero como ella dice, siempre queda la luz. Una pequeña luz encendida que nadie puede apagar, porque proviene del recuerdo de ese primer encuentro con Dios, de ese toque profundo en nuestra interioridad. Y eso es lo que hay que rescatar en cada momento de crisis.

No hay una dormición al uso, siguiendo las leyendas que nos han sido trasmitidas. Hay un despedirse del mundo sabiendo que se parte hacia el mejor lado. Y unos apóstoles tan sencillos y humanos como debieron serlo en la realidad. A veces los diálogos se hacen intensos, densos, no hay acción en la película, todo es pura meditación viva del Evangelio, de los recuerdos que perviven en esa pequeña comunidad de María.

Asistí a la película con gente que no practica nuestra fe, pero que mantiene cierto sentido de la espiritualidad. Y les gustó. Y a mí me gustó que fuera así, que pudieran sobrepasar el dogma la fe sencilla de unos personajes vulnerables y fuertes a la vez. Curtidos en una experiencia única haber visto milagros, haber presenciado multitudes siguiendo a Jesús, haber llegado al pie de la cruz para ver cómo todo se desvanecía durante tres largos días de oscuridad y dolor.

Y sin embargo, también fueron testigos de la Resurrección y del poder que se les había sido concedido, capaz de sanar enfermos con solo tocarlos con su mano invocando la presencia de Jesús. En la cinta está presente el memorial de la Eucaristía invocado con la sencillez de quienes vieron realizarlo como un signo más que les ponía en unión con el Padre y el Hijo.

Una cinta para ver sin prejuicios y que fue aplaudida tras su proyección. Mucha gente de fe en la sala, otros escépticos, ya digo. Llena de gracia es un canto al Fiat que todo creyente debe guardar en su corazón.

No muy bien catalogada por la crítica, es sin embargo recomendable su visión. Tras la proyección queda una música excelente que acompaña a la meditación de la palabra que hemos escuchado, y la sensación de haber presenciado un retiro de orantes en mitad de un paisaje que recuerda siempre la Ascensión del Señor. Y la presencia permanente de ese “no tengáis miedo, yo siempre estaré con vosotros”. Las mismas palabras que María dirá a los discípulos de Jesús, yo siempre estaré con vosotros.

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Acerca de Carmen Bellver

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