El timo de algunas editoriales caza incautos

Sé que se puede denunciar a una editorial por impago en sus cuentas. Pero también sé que en este mundo del papel todo es tan voluble que nadie se atreve con ello. Y sin embargo, jugar con la buena voluntad de un escritor es tanto como robar de manera corrupta al fisco. Yo dispongo del dinero de los demás, no les devuelvo su trabajo y me cisco en hacienda, la justicia y todo lo que se ponga por delante. Porque nadie puede comprobar cuánto se ha vendido de un libro, cuando se cae en las garras de una editorial que es una trampa para el escritor.

Son muchas las editoriales que engañan a los escritores, que nos les pagan sus derechos de autor, que les facturan irrisorias ventas, que esperan y demoran la hora del pago. Y saben que no pasa nada que pueden seguir funcionando sin problemas, que jugar con el talento o el ingenio ajeno es muy fácil.

Pero pongamos que alguien se atreve a ir más allá, pongamos que se denuncia con nombres y apellidos. Pongamos que hay un registro de ISBN que ha sido manipulado por el editor, para no figurar en las cuentas oficiales. ¿Qué se hacer amigos ante éste asunto?. ¿Cómo se desmorona un castillo de naipes sin el golpe certero que va a la raíz del culpable?

Imaginemos que es posible, que es suficiente con denunciar a Hacienda, Al Capone no fue a la cárcel por ser un mafioso sino por problemas con el fisco. De qué manera podemos hacer caer editoriales fraudulentas que obligan a firmar facturas de liquidación, pero jamás abonan los derechos de autor. Una trampa, una argucia fraudulenta que puede probarse por los contactos con email. Libros que siguen en venta, libros reeditados. Y de cuyas ganancias el autor apenas pasa a recibir un saludo ficticio pero jamás el dinero real.

Pongamos que hay nombres y apellidos que basta con desplazarse a los juzgados de la ciudad citada, que se denuncia al fisco el timo o tocomocho de la editorial. La justicia resplandecería en su esplendor. El fraude sería delito y el impresentable que se vende como cazador de talentos, caería en las garras de la policía.

Estoy ultimando mi quinto libro, y como me aconsejó un buen amigo, ni creo en los premios vendidos de antemano, ni en las editoriales que te hacen un pack de regalo para jugar contigo a los beneficios alcanzados. Desearía por tanto encontrar una editorial honesta, que sé que las hay y de mucho renombre. Pero para ello se necesita algo más que una buena promoción del libro, se necesita que el editor confíe plenamente en tu obra. Y ¡hay de quienes les dan la espalda los amigos!. Que venden humo y siguen en el negocio.

Pongamos que salen nombres y apellidos, pongamos que estas casas de latrocinio se investigan por la justicia. Se derrumbaría un imperio de miles de editoriales fraudulentas que van utilizando su nombre por la red y que no son otra cosa que el imperio de la astucia, del engaño, de la falsedad a cuenta de la buena voluntad de los escritores.

Hoy se promocionan cientos de obras que jamás pasarán a la historia. Son las hijas de adorables de la publicidad. Otras, se desvanecen en los cajones de las editoriales que no quisieron apostar por ellas. Otras salen al aire publicitadas unos días para acabar en el olvido. El misterio siempre será el del paisaje de un cuento de ficción tenebroso y horripilante, donde la buena fe es engañada por el entramado de todo un engranaje.

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Acerca de Carmen Bellver

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