“Hagan lío”. Cuando la casuística ya no es casuística

El Papa dice que no tiene intención de renunciar. Esto debe aliviar a buen número de creyentes que están muy pendientes de su pastoral. Y digo pastoral, porque este Papa se dedica más a ejercer como obispo de Roma que a su ministerio petrino. No parece que le importe demasiado el qué dirán. De lo contrario no hubiera dicho: hagan lío. Y en qué se supone que consiste hacer lío. Deduzco que conseguir hablar de la Iglesia en todo momento, ya sea bien o mal. Pero me inclino a pensar que ese hagan lío pretende más la primera opción. Que la Iglesia vuelva a tener un papel de conciencia de Occidente, que seamos guías para el resto de la humanidad. Hagan lío, no puede significar enredar sin sentido, confundiendo la fe de los sencillos, alentando a explorar vías cercanas a la herejía, o derribando el mismo sentido de la palabra herejía.

Hacer lío parece bastante alejado de su intención de confirmar en la fe, en el amor y en la unidad, como anunciaba el día de San Pedro y San Pablo al inicio de su pontificado. Y esa unidad es la que se contrapone con el hacer lío si no es al estilo de Jesús. De alguna manera el Papa está impregnado por la misión salvífica del Señor. Hacer lío es decir al mundo lo que éste no quiere oír. Y actuar al estilo de Jesús es de alguna manera ir a visitar a los más excluidos de la sociedad, donar su tiempo a los pobres de solemnidad y hacer de la caridad la divisa de su pastoral.

La caridad que también es misericordia, le lleva al Papa por caminos tortuosos y en ellos andamos estos años, dilucidando cada una de sus palabras. Denunciar a los teólogos que van por la vía de la casuística es un gran contrasentido. Un teólogo se basa en esencia en hacer caso de la casuística. Si no hubieran teólogos no tendríamos la mitad de las ideas que predica la Iglesia, que en esencia se basa en cuatro Evangelios de los que ha deducido cantidad de casuísticas. De hecho el Papa en su última exhortación aboga por la casuística, por ver cada uno de los casos, siguiendo las señas de identidad de su pontificado, que consisten más en lo concreto que lo general. En lo particular que en lo teológico.

Es cierto que la confianza en la norma puede ahogar el Espíritu. Pero el Espíritu nos guía a través de esas enseñanzas de la Iglesia que son norma para todos, de otra manera no sería posible preservar la unidad de las mismas.
Pero bueno, dejemos que una vez más, el empeño por invocar al Espíritu no le ahogue en la jaula de oro del Papado. Afortunadamente la Iglesia somos todos los creyentes y vamos haciendo camino le pese a quien le pese. Al final nos examinarán del amor, de un amor que habla de cumplir los mandamientos de la Ley de Dios porque de ellos emana ese mismo Amor a Dios y a los demás.

Relativizar estas verdades supone hacer lío pero de la peor especie. Supone dar barra libre a las conciencias deformadas y no creo que esa sea la intención del Santo Padre

Acerca de Carmen Bellver

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