Familias con problemas

Paso muchas horas trabajando en casa, labor de maestra, de escritora, de bloguera. Eso hace inevitable que los murmullos de la calle y del patio de luces reverberen de manera extraordinaria en tu escritorio. Y me pesa mucho escuchar discusiones, insultos, blasfemias. Me pesa que con niños pequeños no se tenga la lengua sujeta. Sin embargo habría que hacer un monumento a esas familias que intentan superar sus desavenencias. Porque la convivencia es lo más complicado del mundo. Es difícil hoy en día conciliar la vida laboral y familiar. Es difícil perdonar y disculpar, entender y dialogar, antes que dejarse llevar por las vísceras.

¿Nos ponemos en modo avión?. No hay nada mejor que silenciarse cuando todo se va complicando, que marcharte cuando sube la adrenalina hasta llegar a la ira. No hay nada mejor que el diálogo sereno pero a posteriori en frío, no cuando las aguas corren turbulentas.

Pienso que en todas las familias hay discusiones y problemas, el arte de saber superar esas dificultades hace que una familia perviva unida y otra fracase estrepitosamente. Hay que saber perdonar y hay que saber rezar unidos unos por otros. Hay que intentar un examen de conciencia diario donde se pida por los errores cometidos. Pero cuando se da la espalda a estos pequeños consejos, se desata la furia incontrolable y la palabras quedan marcadas a hierro en el interior. ¡Qué difícil superar esa herida!. Palabras que son como heridas sangrantes de las que siempre nos arrepentiremos haber dicho.

Hoy que los fracasos matrimoniales son la moneda común. Una se pregunta por el secreto de esas familias que permanecer unidas y felices durante años. ¡Qué dicha que sigan enamorados como el primer día, que la magia no se haya desvanecido con los agobios del día a día!. Y si les preguntas te dirán que hubo momentos duros, pero siempre se mantuvo por encima de todo el deseo de la reconciliación.

Mis mejores recomendaciones para que una familia se mantenga unida es sin duda la fuerza de la oración. Para los no creyentes existe por supuesto otras recetas que los consejeros matrimoniales se aprestan a nombrar. Sin embargo, no hay nada como la oración común para cicatrizar heridas, ponernos todos en manos del Creador y solucionar los problemas con ecuanimidad, sin gritos, ni salidas de tono.

Y por supuesto hay que aprender a pedir perdón. Una buena reconciliación es fuente segura de bendiciones. Pidamos al Señor que nuestra familias sigan bendecidas y se alejen de ellas las divisiones que nos enfrentan de manera irresoluble. Pidamos por las familias en general, para que no rompan su vínculo al primer contratiempo, para que hagan juntos de las dificultades una escuela de resiliencia que una más a la pareja.

Mis bendiciones para todas las familias que conozco. Les deseo un futuro donde envejezcan con amor y donde los problemas diarios no sean escollos insalvables.

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Acerca de Carmen Bellver

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