Y el Papa Francisco la volvió a liar

Es vox populi que los sacramentos se imparten como churros. Vamos que la mayoría son un acto social, un paripé, una costumbre, un vaya usted a saber. Que lo diga el Papa ya es más grave, porque viene a confirmar que en la Iglesia más que una primavera evangelizadora hay un anacronismo de funcionariado eclesial, cuyo mérito es dar gratis lo que gratis recibisteis. Y ni eso, porque hasta el Papa ha venido a hablar de que no se debe cobrar por los sacramentos.

Así que estamos en puridad en un verdadero sin vivir con sus declaraciones, que se acercan muy a la realidad, pero que dejan a la Iglesia bastante mal. Si la mayor parte de matrimonios son nulos, el Papa está cometiendo un verdadero sacrilegio al permitirlo. Y cuando habla de ello tiene que venir su portavoz a rectificar que no son todos, sino algunos. Matiz de cantidad que no de calidad.

Lo que es verdad es que el Papa mira más por cada caso concreto que por la globalidad. Mira por esas parejas inmaduras que deciden vivir juntas y les pide que no se casen, que piensen antes en lo que supone la gracia del matrimonio. Ya es fuerte que un Papa apueste por las parejas de hecho o al menos deje la sensación de que eso es mucho mejor que casarse dejándose llevar por determinadas circunstancias.

En realidad Santidad, la gente se casa por la Iglesia porque les gusta la ceremonia y no tienen ningún interés en educar a sus hijos en la fe. De manera que lo que hay es un teatrillo sacramental de dudoso valor, como bien dice el Papa. Pero ante eso lo que debe proponerse es más evangelización, más encuentro con Dios, más fe en las comunidades parroquiales, menos cursillos de trámites. Y tal vez la valentía de rechazar a quienes desean recibir los sacramentos como si fueran derechos adquiridos y no una gracia inmerecida a la que aspiramos por amor.

Vamos que el Papa ha puesto el dedo en la llaga, pero como siempre nos ha dejado al borde del precipicio. Porque ha depauperado el valor del noviazgo, al referirse a unos casos determinados y con eso nos quedamos. Seguimos en el baile de la confusión, no basta decir lo que sucede, hay que poner soluciones. Y no cargarse de un plumazo toda la catequesis matrimonial.

Y ahora vienen la soluciones, no poner el dedo en la llaga, sino sacarnos del marasmo donde estamos. Y de eso, en cambio, se habla poco en los medios. Son las catequesis en Santa Marta, cuando habla de la santidad de vida, de la oración como fuerza y motor que nos impulsa a obrar. Todo eso no aparece en los medios. Lo que refleja un verdadero interés de algunos por llevar el agua a su molino, desvirtuando el verdadero mensaje del Papa.

No se trata de que se admitan las parejas de hecho, pero eso es lo que ha parecido dar a entender el Papa. Y su portavoz monseñor Lombardi va loco matizando. “No deben casarse porque dejaron a la chica embarazada”(sic).
Hoy en día las chicas se quedan embarazadas y viven muy tranquilamente como familia, sin necesidad de casarse, es más se embarazan por inseminación artificial, solteritas y sin escrúpulos de ninguna clase.

De manera que no es cuestión de invalidar los matrimonios de la Iglesia, sino de predicar a tiempo y destiempo lo que es un sacramento que une para toda la vida en la gracia de Dios.

Acerca de Carmen Bellver

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