Necesitamos una misericordia no timorata

Estamos en el año de la Misericordia y se nos llena la boca con esta palabra que parece un remiendo para múltiples desgarros. En nombre de la misericordia no nos atrevemos a tomar partido por nada, nos volvemos relativistas, pacatos para enjuiciar lo que sucede a nuestro alrededor. En nombre de la misericordia nos volvemos permisivos. Y cuando llega la hora de actuar la misericordia es un mantra feliz que nos deja en casa muy tranquilos. Y eso no es misericordia. Pongo las obras de misericordia que son corporales y espirituales:

OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Dar posada al necesitado
4. Vestir al desnudo
5. Visitar al enfermo
6. Socorrer a los presos
7. Enterrar a los muertos

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA
1. Enseñar al que no sabe
2. Dar buen consejo al que lo necesita
3. Corregir al que está en error
4. Perdonar las injurias
5. Consolar al triste
6. Sufrir con paciencia los defectos
de los demás
7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

Si nos damos cuenta, hacemos mucho hincapié en las primeras. Sufrimos un activismo exacerbado. Pero olvidamos con mucha facilidad la espirituales. Y ambas están unidas por una estrecha relación. Hay que tener una conciencia formada para dar buen consejo al que lo necesita, o para corregir a quien está en un error. Pero sobre todo hay que querer implicarse para no alzar los hombros y en nombre de la misericordia hacer como que todo da igual. No hay que confundir una cosa con otra. Misericordia es amor y el amor es activo, no pasivo.

Por eso cuando llega la hora de enjuiciar determinados acontecimientos sociales, guerras, terrorismo, leyes injustas etc. La misericordia nos llevará a levantar la voz por los más débiles. Nunca al estado alfa de no implicación.

Estamos ahora a un paso de que la doctrina ideológica de turno se cuele en las escuelas. Pues bien deberemos defender el derecho a la educación de los niños en libertad, según la conciencia de sus padres. Es un derecho constitucional al que no hay que renunciar. Y no vale aplicar paños calientes, remedios de ir por casa. La realidad se impone con una fuerza inusitada, dejar que sucedan las cosas no es ser misericordioso. Dejar que la ideología de género transite por nuestros centros escolares, en nombre de la misericordia es una ofensa grave a Dios. Porque la perversión moral que conlleva debe hacernos salir a corregir al que está en un error.

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Acerca de Carmen Bellver

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