Diálogo con fundamento

Escribir en positivo hace fácil y amena la lectura. Ver con simpatía el mundo y con esperanza la realidad que nos atenaza diariamente, es ya una virtud teologal. Sin embargo podemos criticar la realidad, abrir simas y no construir puentes de unidad, de diálogo y estar muy cerca de analizar el mundo con los ojos cristianos.

Lo decía en el post anterior, no se puede dialogar con quien no quiere. De manera que sólo cabe la denuncia. ¡Y cuántos han hablado de denuncias proféticas, mientras te reprochan que tú te postules por la senda de la confrontación!. Si denunciar la imposición ideológica que hoy nos atenaza es no saber tender puentes de diálogo. Algo falla en quien lo dice.

Lo explico una vez más, el relativismo nos paraliza, el buenismo nos debilita. Se impone el criterio firme máxime cuando las situaciones se complican. Se trata de una postura de sensatez, no de confrontación. Se trata sencillamente de denunciar lo que otros ocultan con sibilinas disquisiciones.

Ahora mismo se está exaltando al Papa como un revolucionario de la cristiandad. Pues bien, se utilizan sus palabras, para decir lo que otros quieren que diga. La realidad en cambio es que el Papa no ha cambiado ni un ápice la moral de la iglesia o los dogmas que hay en ella. Su talante abierto y dispuesto al diálogo con todos lleva a la confusión de que debemos postularnos por abrir las puertas al campo. Sin embargo en tiempos de confusión, de hedonismo barato, de pensamiento débil, es más necesario que nunca acogernos al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia.

Siempre estaremos dispuestos al diálogo, pero nunca a que nos avasallen con imposiciones. Por eso, no es contradictorio hablar sobre determinados temas, tomando partido. Eso inevitablemente nos pone de un lado y nos separa del otro. No obstante, el católico ha sido demasiado melindroso durante muchos años. Tiene complejo de que lo acusen de ser estrecho, moralista, tradicional, e incluso fascista. Y se ha vuelto liberal, relativista, buenista, y sociológicamente un enamorado de la solidaridad sin fronteras.

Pero eso no tiene nada que ver con predicar el Reino de Dios en un mundo que se le opone por fuerza mayor. La realidad es que el Evangelio nos lleva a defender a los más débiles de palabra y obra. Y entre los débiles están aquellos que viven abducidos por el relativismo más campante. Por el pensamiento débil, por la comodidad de aceptar toda la ingeniería social aprobada democráticamente.

Pues bien, no todo lo democrático es bueno. Las leyes nazis fueron aprobadas en un estado de derecho. Esto nos debe llevar a estar atentos con las modas ideológicas que se nos están imponiendo. Y si denunciar las mismas parece que es no tener talante abierto y de diálogo, sólo me cabe decir que se laven los ojos con colirio.

Yo por mi parte seguiré analizando lo que veo y me preocupa. Ciertamente, hay una eclosión de mensajes contradictorios que nos hacen creer lo que otros quieren que creamos. Pero la verdad sigue estando presente en el Evangelio y en la Iglesia como madre que custodia la Tradición. Como es obvio esta postura trae más enemigos que amigos.

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Acerca de Carmen Bellver

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